Me senté
en un claro del tiempo.
Era un remanso de silencio,
de un blanco silencio.
Anillo formidable,
donde los luceros
chocaban con los doce flotantes
números negros.
Con el poema “Eco del reloj” comenzó Jesús Vigorra, el afable presentador de “El público lee”, su discurso introductorio a la ceremonia que el pueblo de Alfacar celebró anoche por el septuagésimo tercero aniversario de la muerte de Federico García Lorca, tras la ofrenda floral al monolito donde parecen encontrarse sus restos y que rinde homenaje tanto a él como a las demás víctimas de la guerra civil española.
La madrugada del 17 de agosto de 1936, como otros, Lorca fue fusilado y, si toda ejecución es injusta, es inevitable sentir que su desaparición lo fue aún más por todo el legado que llevaba ya a sus espaldas y el que prometía seguir mostrando al mundo, todo ello dotado de una sensibilidad y un talento únicos. Si a eso añadimos que todos los que le habían conocido le consideraban una gran persona y que hay escritos y dibujos que lo confirman claramente, podemos entender el desasosiego que sintieron sus allegados y sus colegas de profesión, y que se ha transmitido de generación en generación, hasta nuestros días.
El actor José Sacristán fue el encargado de poner voz a las doloridas palabras que escribieron Rafael Alberti, Luis Cernuda y Antonio Machado, tras el triste desenlace por la negativa de Lorca a exiliarse. He rescatado unos versos de los poemas de Alberti y Cernuda. El de Machado es necesario ponerlo completo:
“Elegía a un poeta que no tuvo su muerte”
No tuviste tu muerte, la que a ti te tocaba.
Malamente, a sabiendas, equivocó el camino.
¿Adónde vas? Gritando, por más que aligeraba
no paré tu destino.
[…]
Debiste de haber muerto sin llevarte a tu gloria
ese horror en los ojos de último fogonazo
ante la propia sangre que dobló tu memoria,
toda flor y clarísimo corazón sin balazo.
Mas si mi muerte ha muerto, quedándome la tuya,
si acaso le esperaba más bella y larga vida,
haré por merecerla, hasta que restituya
a la tierra esa lumbre de cosecha cumplida.
Rafael Alberti
“A un poeta muerto”
[…]
Triste sino nacer
con algún don ilustre
aquí, donde los hombres
en su miseria sólo saben
el insulto, la mofa, el recelo profundo
ante aquel que ilumina las palabras opacas
Por el oculto fuego originario.
La sal de nuestro mundo eras,
vivo estabas como un rayo de sol,
y ya es tan sólo tu recuerdo
quien yerra y pasa, acariciando
el muro de los cuerpos
con el dejo de las adormideras
que nuestros predecesores ingirieron
a orillas del olvido.
[…]
Igual todo prosigue,
como entonces, tan mágico,
que parece imposible
la sombra en que has caído.
mas un inmenso afán oculto advierte
que su ignoto aguijón tan sólo puede
aplacarse en nosotros con la muerte,
como el afán del agua,
a quien no basta esculpirse en las olas,
sino perderse anónima
en los limbos del mar.
Pero antes no sabías
la realidad más honda de este mundo:
el odio, el triste odio de los hombres,
que en ti señalar quiso
por el acero horrible su victoria,
con tu angustia postrera
bajo la luz tranquila de Granada,
distante entre cipreses y laureles,
y entre tus propias gentes
y por las mismas manos
que un día servilmente te halagaran.
[…]
Luis Cernuda
“El crimen fue en Granada”
Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
... Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.
Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque— yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»
Se le vio caminar...
Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!
Antonio Machado
A continuación, los músicos argentinos Carlos Andreoli, Osvaldo Jiménez, Fabián Carbone y Javier Oyhanarte, rindieron un personal tributo a Lorca, recordando su estancia en Buenos Aires y poniendo el punto final a la noche con ritmo de tango melancólico, lleno de poesía y sentimiento.
Quizás sea más emotivo presenciar un homenaje a Lorca siendo granadino/a porque, sin duda, le inspiró como ninguna otra cosa, a pesar de haber viajado y residido en otras ciudades. Todos tendemos a sentir nuestra tierra como algo especial y es un orgullo saber que la provincia de Granada vio nacer y formó a gran parte de lo que Federico llegó a ser, aunque realmente su obra hablaba de la cultura y las costumbres de la sociedad rural española, en general.
Creo que todos sentimos que Lorca forma parte de nuestras vidas. Sea en verso o en prosa, en sus textos teatrales o en canciones, nos vemos reflejados en su obra por su peculiar representación metafórica del anhelo humano por comprender el amor y la muerte, en su fascinación por el arte y la naturaleza y en su lucha por vivir a pesar de las dificultades y de sus propias frustraciones.
En tanto que su temática está repleta de belleza, aun formando parte de uno de los episodios más negros de España, Federico García Lorca seguirá estando presente en las vidas de las siguientes generaciones y, como deseaban sus contemporáneos, no caerá en el olvido. Al menos eso esperamos.