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martes, 8 de septiembre de 2009


Arte en Madrid II

Este verano, el núcleo artístico de Madrid, situado en el Paseo del Prado, ha reunido tres grandes exposiciones que, a raíz de su éxito, han demorado su finalización y requerido un horario de visita más amplio. La crisis se nota también en la afluencia turística pero, curiosamente, el arte no se resiente tanto como otras áreas, sin contar con que hay varios sitios con franjas horarias de entrada gratuita.

Henri Matisse (1869-1954) es el centro de atención del museo Thyssen-Bornemisza, hasta el día 20 de septiembre. Su trayectoria se divide en tres periodos y esta exposición se centra en la segunda etapa, desde 1917 hasta 1941, la más extensa e incomprendida. Durante esta época, experimentó un fuerte cambio cuando se adivinaba el final de la Primera Guerra Mundial, cambiando de ciudad de residencia y adentrándose en lo que él denominó “pintura de intimidad”. Abandonó sus grandes composiciones planas, volviendo a introducir el volumen, mediante el color y la forma, e inspirándose en la pintura holandesa del siglo XVII. En esta muestra podemos observar claramente que Matisse primaba el color sobre lo demás porque pensaba que éste podía desempeñar el papel de otros factores como las perspectivas o las sombras.
Tras una crisis profesional y una vuelta a sus orígenes, por un encargo para un mural, decidió centrarse en el dibujo más que en la pintura y fue en ese momento cuando concluyó el período que abarca esta exposición.
Se le considera heredero de Cézanne y Gauguin y un artista tan influyente como Picasso pero, desde mi punto de vista, no estaba al mismo nivel y, aunque vale la pena ver la exposición, recomiendo disfrutar más de la extensa y variada colección permanente del museo, que además abarca todas las épocas y estilos.

El Museo del Prado disfruta de sus últimos días con la apabullante exposición de Joaquín Sorolla (1863-1923), una clara muestra del gran muralista que fue, aunque dominaba todo lo que se propusiese. Lejos queda aquella simple referencia de “el pintor de las mujeres en la playa” porque fue mucho más que eso. Su perfecta elección del color, su dominio de las proporciones y la precisión que lograba a base de grandes pinceladas, dotaron a sus cuadros de vida y realismo, tómese como ejemplo ¡Aún dicen que el pescado es caro! Siendo toda su obra digna de mención, incluidos los tributos a maestros en los retratos familiares como Mi familia, no hay duda de que su estrella es “Visiones de España”, un conjunto de óleos realizados para The Hispanic Society of America de Nueva York, para la que se comprometió a plasmar la esencia de las provincias de España. Al tener que pintar murales de gran tamaño y fieles a la realidad, necesitó ocho años, durante los que viajó por todo el país buscando lo más curioso y característico de cada lugar. Mientras tanto, realizó obras de menor tamaño y precisión, buscando nuevas opciones para representar la luz.
Fantástica exposición que aún se puede ver, porque termina el día 13, y que yo recomendaría redondear dando una vuelta por las salas de Velázquez y Goya y disfrutando del gran diseño de la ampliación del museo, realizada por Rafael Moneo.

Por último, el tercer punto fuerte ha sido Juan Muñoz (1953-2001) en el Museo Reina Sofía, con la colaboración de la Tate Modern de Londres. Conocido principalmente como escultor, este polifacético artista se formó en Inglaterra y Estados Unidos pero volvió a su Madrid natal, donde expuso por primera vez. Desde ese momento, no dejó de trabajar y enseñar su obra por todo el mundo, hasta su muerte. Estuvo casado con la también artista Cristina Iglesias, creadora de la fantástica puerta-escultura de la ampliación del Museo del Prado, en 2007.
Esta exposición ha abarcado escultura, pintura, dibujo y sonido (produjo trabajos radiofónicos como A Man in a Room, Gambling, para la BBC, junto a Gavin Bryars, en 1980). Hemos podido ver obras como Tierra Baldía con dibujos geométricos en el suelo que descolocan al espectador y aíslan a la figura que cohabita con el piso; Cortinas de la “Naturaleza de la Ilusión Visual”, un espectacular trampantojo pintado con acrílico sobre lienzo; Descarrilamiento, un tren de acero que mide casi cuatro metros; Muchas veces o Escena de conversación, grupos conversando, realizados con bronce, resina y papel maché, entre los que los espectadores caminan hasta terminar empatizando con ellos; una serie de figuras de enanos que ignoran lo que acontece a su alrededor y se limitan a observar un punto de interés, véanse El apuntador, George o Sara frente al espejo. Y mucho más, casi cien obras repartidas por todo el museo que logran hacernos olvidar durante un tiempo que el Guernica de Picasso espera un fugaz saludo por nuestra parte.
Mención aparte para obras permanentes como la media sala dedicada a Pablo Palazuelo, que interesará a quien guste de la pintura abstracta y geométrica y tres obras curiosas, en tanto que es difícil reconocer a sus autores: Las nuevas savias de Antonio Saura (tuvo una fase surrealista), la escultura Mujer en el jardín de Picasso y Personaje de Tàpies.

Los teatros también se están moviendo bastante en Madrid y pude disfrutar de una obra, durante mi breve escapada, pero hablaré de ella en otra entrada.

sábado, 9 de mayo de 2009


Sinestesia

La sinestesia (palabra de origen griego, compuesta por συν, 'junto', y αισθησία, 'sensación') es la capacidad de percibir una impresión con un sentido a partir de otro o de otra parte del mismo, como ver los números y letras de colores, saborear texturas, ver formas al oír música, oler palabras, el tacto-espejo, etc.
No son alucinaciones, sino percepciones dentro de la mente que, para las personas sinestésicas, son completamente normales, por lo que la mayoría no son conscientes de experimentar este fenómeno poco frecuente y no llegan a saber que tiene denominación y explicación.

Todos los seres humanos nacemos sinestésicos pero a los cuatro meses de edad, nuestro cerebro empieza a perder conexiones entre los sentidos hasta quedar estos separados e independientes. Sin embargo, un pequeño porcentaje aún indeterminado de la población conserva algunas de esas conexiones, por lo que pueden decir con convicción que el número 5 es amarillo, que un solo de violín es una espiral llena de triángulos o que la suavidad de la lana sabe a canela.
No estamos hablando de asociaciones emocionales basadas en recuerdos o en gustos particulares, sino de percepciones conectadas a uno o dos sentidos que enlazan dos cosas sin relación entre ellas. Lo más curioso es que cada sinestésico percibe de una forma, por lo que ninguno puede afirmar que una letra es de un color determinado como una verdad irrefutable, ya que otro sinestésico le dirá que no, que es de otro color.

Esta capacidad perceptiva está muy presente en la literatura, en primer o segundo grado (dos sentidos y sentido con concepto, respectivamente). Por ejemplo: hablar claro, corazón duro, color chillón, verdad cristalina, voz aterciopelada, música suave, etc.
Artistas como Kandinsky, Klee, Hockney, Baudelaire, Nabokov, Proust, Scriabin, Listz, etc, fueron personas sinestésicas y mostraron esta capacidad extra en sus obras y escritos.

Supongo que os habrá sorprendido un poco esta entrada. Si la he escrito es porque, aparte de parecerme un tema sumamente interesante, puede que alguno de vosotros sea sinestésico y se está enterando ahora o que conozcáis alguno entre familia, amigos o compañeros de trabajo. Poder darle un nombre puede gustarles, aliviarles y ayudarles a saber por qué les pasa eso que cuando comentan, sin darle importancia, resulta tan extraño para los demás. No son mentiras ni excentricidades, son percepciones más ricas que pueden ser muy útiles a la hora de dar rienda suelta a la creatividad y disfrutar más de lo que nos rodea.

sábado, 7 de marzo de 2009


Arte en Madrid

Madrid tiene tantos lugares y eventos interesantes con los que disfrutar, que resulta complicado decantarse por unos u otros a la hora de ir. Mi objetivo principal siempre es la pintura. Esta ciudad contiene un gran conjunto de museos y fundaciones en constante movimiento y, durante estos meses, podemos encontrar una oferta más que suculenta, así que quiero recomendaros lo que he podido ver yo este fin de semana pasado:

- Caixa Forum: la plaza en que se encuentra es ya todo un reclamo por su maravilloso jardín vertical y las siete esculturas de Rodin (¿o de Camille Claudel?) que han traido desde París, para celebrar el primer aniversario del centro. La obra más original que tiene ahora mismo es de Ignasi Abellí, que presenta siete cuadros aparentemente hechos de arena coloreada, hasta que descubres que es papel moneda y se comprueba al acercarse y al ver que son de color azul grisáceo, rojo, azul, marrón, verde, amarillo y violeta.
También me llamó la atención una videoproyección del mexicano Carlos Amorales, llamada “Maravilla inútil”, realizada en 2006. Consiste en una sucesión de imágenes combinando animales y humanos con formas abstractas, simbolizando el Apocalipsis.
Pero, sin duda, la estrella del lugar es la planta de arriba, dedicada a Miquel Barceló y su “Mar”. Allí se puede ver uno de sus fantásticos cuadros, fotos y un video sobre la realización de la cúpula y una réplica pequeña que puede verse a la vez mirándola directamente y a través de una mesa-espejo.

- Fundación Mapfre: Ahora está dedicada principalmente a Max Ernst, que realizó una serie de grabados, Une semaine de bonté en 1933, manifestando su temor a la situación de Europa, tras el acceso de Hitler al poder. Hasta ahora, sólo se habían expuesto en Madrid, en 1936. Colocados en siete áreas diferenciadas por dias de la semana, colores y significados, son imágenes impactantes y a veces hasta terroríficas, en las que el artista reivindicó el surrealismo en la pintura, ya que en ese momento era un movimiento exclusivamente literario.
En segundo término, se puede contemplar una muestra de dibujos de Picasso, Suite Vollard, que le encargó el marchante de arte Ambroise Vollard en 1930, cuyo tema central es “El taller del pintor”, inspirado en el mito de Pigmalión, enamorado de su estatua de Venus que cobró vida gracias a dicha diosa, además de “El minotauro ciego”, “La batalla del amor”, “Rembrandt”... Los que más me gustaron a mí fueron “Minotauro ciego guiado por una niña en la noche” y “Rembrandt con la paleta” (ambos con aguafuerte y cobre, 1934).

- Círculo de Bellas Artes: Este edificio es arte por sí mismo con sus escaleras estilo imperial y la azotea. Yo recomendaría prestar especial atención a la sala Minerva, que contiene una serie de sesenta y seis fotografías fantásticas de Josef Sudek, sobre Praga. En la sala Picasso, se muestra la historia de la preparación de la obra treatral “El deseo atrapado por la cola” (1941), de Picasso, junto con carteles y fotos de gente como Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre, Albert Camus, Dora Maar, etc, durante la invasión alemana a Francia.

- Fundación Caja Madrid: Situada en la plaza San Martín, es ahora una extensión de la exposición La Sombra del museo Thyssen-Bornemisza. En ella, podemos contemplar obras barrocas, impresionistas, simbolistas, surrealistas, y una parte de realismo moderno de cine y fotografía, a cargo de Van Eyck, Dalí, Magritte, Rembrandt, Goya, Pissarro, Monet, De Chirico, Picasso, Warhol, Man Ray, etc.
Me impresionó “Vista urbana” de Carel Willink (óleo sobre lienzo, 1934). Miradlo y decidme... ¿Dónde está el sol? ¿No parece haber dos?

- Museo Reina Sofía: Aunque el recinto parece un laberinto ahora con la ampliación y tanta escalera y ascensor, es una gozada reencontrarse con el enorme “Guernica” de Picasso y el fantástico “Enigma sin fin” de Dalí, donde no paras de encontrar figuras escondidas, además de ver “Cuerda de presos” (1901) del granadino López Mezquita y “Caracol, mujer, flor y estrella” de Miró.
En cuanto a las exposiciones permanentes, me gustó mucho la muestra de fotografías sobre la guerra civil española de Robert Capa.
Lo más sorprendente: Paul Thek, del que destacaría sus dibujos con guache sobre papel de periódico; sin embargo, la estrella de la muestra son sus Technological Reliquaries (1964-1967), inspirados en las catacumbas capuchinas de Palermo, donde representó con asombroso realismo trozos del cuerpo humano con cera, dentro de urnas de metacrilato amarillo. A mí no me gustaron pero no niego su originalidad, intencionalidad y el trabajo que hubo detrás, por lo que sugiero echarles un vistazo.

- Museo del Prado: La exposición de Francis Bacon vale la pena con creces y, para entenderla mejor, es recomendable ver la entrevista proyectada en una de las salas y que es bastante sorprendente, tanto por su concepción del arte en general y del suyo propio, como por su sentido del humor que, aunque no lo parezca al ver sus cuadros, lo tenía. Muy interesante. Por cierto, admiraba profundamente a Van Gogh y a Lorca.
La muestra de pintura victoriana es una maravilla, sobre todo el famoso La bella durmiente, realmente denominado “Sol ardiente de junio” de Frederic Leighton. También la serie de esculturas griegas “Entre dioses y hombres”, que está allí hasta abril. Por lo demás, la colección permanente es un auténtico tesoro que nadie debería perderse y del que se podrían destacar cuadros de aquí a año nuevo.

Para terminar, hay una ermita, San Antonio de la Florida, en el Paseo de la Florida, donde está enterrado Goya, en la que pintó unos frescos impresionantes. No digo más, hay que verla en directo.

miércoles, 18 de febrero de 2009


Van Gogh y los colores de la noche

El museo Van Gogh de Amsterdam ha hecho algo especial: reunir una muestra representativa, llamada “Van Gogh y los colores de la noche”, de los cuadros nocturnos del pintor.
Vincent disfrutaba pintando en el campo o en la calle a plena luz del día pero la iluminación artificial le dio la posibilidad de explorar otros aspectos de la vida, de profundizar en el dolor y el esfuerzo humano de una forma más intensa. Por otro lado, la luz de la luna, sacó su lado más tranquilo y romántico.
La muestra contiene obras como Los comedores de patatas, un tributo a los campesinos que trabajaban día y noche para poder autoabastecerse y que fueron retratados por él varias veces, tanto en conjunto como individualmente. La mayor atracción, sin duda, es La noche estrellada que reside habitualmente en el MOMA de Nueva York y vuelve al país de su autor, hasta el 7 de junio, para ser la estrella, nunca mejor dicho, del excepcional evento. Los visitantes podrán ver también dibujos y bocetos. El Museo Thyssen-Bornemisza ha cedido dos de sus cuadros, Paisaje nocturno y Estibadores de Arlés.
La exposición promete y quien tenga posibilidad de viajar, no debería perdérsela, aparte de que el museo en sí es un paraíso para todo el que admire su obra, en general.


Por cierto, es un placer leer las descripciones que hacía de los cuadros, cuando escribía a su hermano, como en el caso de Calle con ciprés y estrella (1890).

Conservo de allá un ciprés con una estrella, un último ensayo: un cielo nocturno con una luna sin brillo, apenas un delgado creciente emergiendo de la sombra opaca proyectada por la tierra, una estrella de resplandor desmesurado, si quieres, y un suave resplandor rosado y verde en el cielo ultramar, donde corren las nubes. Abajo, un camino bordeado de altas cañas amarillas tras las cuales aparecen, azules, los Bajos Alpes, un viejo albergue con ventanas iluminadas de anaranjado y un altísimo ciprés, sombrío, erecto. En el camino, un coche amarillo con un caballo blanco enjaezado y dos transeúntes retrasados. Muy romántico, si quieres; pero también, creo yo, muy provenzal.

sábado, 7 de febrero de 2009


Ser o no ser... arte

Esta piel roja ha ido hoy a Málaga para ver la exposición que hay en el CAC (Centro de Arte Contemporáneo) sobre Miquel Barceló. Como ya sabréis, este hombre pasó una época en África, a principios de los años 90, y creó una cantidad importante de obras a raíz de su estancia allí, tanto en papel como en lienzo.
En esta muestra (que termina el próximo día 15) hay óleos, acuarelas, esculturas de bronce, vasijas de cerámica, cuadernos... y me ha parecido todo realmente bueno, cosa que no me suele pasar (no me gustan los arrebatos escultores de Picasso, por ejemplo).

Lo que me fascina e impacta de la obra de Barceló, principalmente, son dos cosas: el color (suelen predominar los azules, verdes y amarillos, por ser los colores de la tierra y el agua, y siempre en tonos mágicos) y la tridimensionalidad. Recuerdo que una vez le escuché decir, en un reportaje, que sus cuadros cambian dependiendo del ángulo desde el que se miren y es por eso, porque los hace tridimensionales, incluso deformando a veces la base sobre la que pinta.
Os dejo la imagen de los tres cuadros que más me han gustado:

Issa Beri
235 x 285 cm

Taula paradiso
235 x 285 cm



Sopa con plato rojo
235 x 285 cm


También se está exponiendo parte de la extraña obra de Tracey Emin, a la que siempre recordaremos como la mujer que expuso su cama revuelta y llena de desperdicios, después de una semana de depresión. Parece ser que toda su producción es autobiográfica y eso significa desgarro y dolor porque estuvo apunto de no nacer ya que su madre quería abortar, perdió varios dientes a los 12 años por un accidente casero, fue violada a los 13, tuvo un aborto traumático años después... Como decía Francis Bacon: "Si hubiera tenido una infancia feliz, ahora pintaría flores". El caso es que esta mujer exorciza sus demonios a base de contar su vida en forma de supuestas obras de arte como cartas personales, fotos de cuadros que destruyó, bocetos en tinta sobre papel con escenas de su infancia, telas gigantes llenas de palabras y trozos de ropa, diarios...
Yo sinceramente admito que no entiendo qué valor artístico tiene todo eso para el resto de los mortales y no me gusta nada, es más, me indigna y me parece una ofensa a los verdaderos artistas.

Me gustaría saber qué opinión os merece la obra de Miquel Barceló y si creéis que la de gente como Tracy Emin se puede considerar arte. Yo sigo dándole vueltas.