Henri Matisse (1869-1954) es el centro de atención del museo Thyssen-Bornemisza, hasta el día 20 de septiembre. Su trayectoria se divide en tres periodos y esta exposición se centra en la segunda etapa, desde 1917 hasta 1941, la más extensa e incomprendida. Durante esta época, experimentó un fuerte cambio cuando se adivinaba el final de la Primera Guerra Mundial, cambiando de ciudad de residencia y adentrándose en lo que él denominó “pintura de intimidad”. Abandonó sus grandes composiciones planas, volviendo a introducir el volumen, mediante el color y la forma, e inspirándose en la pintura holandesa del siglo XVII. En esta muestra podemos observar claramente que Matisse primaba el color sobre lo demás porque pensaba que éste podía desempeñar el papel de otros factores como las perspectivas o las sombras.Tras una crisis profesional y una vuelta a sus orígenes, por un encargo para un mural, decidió centrarse en el dibujo más que en la pintura y fue en ese momento cuando concluyó el período que abarca esta exposición.
Se le considera heredero de Cézanne y Gauguin y un artista tan influyente como Picasso pero, desde mi punto de vista, no estaba al mismo nivel y, aunque vale la pena ver la exposición, recomiendo disfrutar más de la extensa y variada colección permanente del museo, que además abarca todas las épocas y estilos.
El Museo del Prado disfruta de sus últimos días con la apabullante exposición de Joaquín Sorolla (1863-1923), una clara muestra del gran muralista que fue, aunque dominaba todo lo que se propusiese. Lejos queda aquella simple referencia de “el pintor de las mujeres en la playa” porque fue mucho más que eso. Su perfecta elección del color, su dominio de las proporciones y la precisión que lograba a base de grandes pinceladas, dotaron a sus cuadros de vida y realismo, tómese como ejemplo ¡Aún dicen que el pescado es caro! Siendo toda su obra digna de mención, incluidos los tributos a maestros en los retratos familiares como Mi familia, no hay duda de que su estrella es “Visiones de España”, un conjunto de óleos realizados para The Hispanic Society of America de Nueva York, para la que se comprometió a plasmar la esencia de las provincias de España. Al tener que pintar murales de gran tamaño y fieles a la realidad, necesitó ocho años, durante los que viajó por todo el país buscando lo más curioso y característico de cada lugar. Mientras tanto, realizó obras de menor tamaño y precisión, buscando nuevas opciones para representar la luz.Fantástica exposición que aún se puede ver, porque termina el día 13, y que yo recomendaría redondear dando una vuelta por las salas de Velázquez y Goya y disfrutando del gran diseño de la ampliación del museo, realizada por Rafael Moneo.
Por último, el tercer punto fuerte ha sido Juan Muñoz (1953-2001) en el Museo Reina Sofía, con la colaboración de la Tate Modern de Londres. Conocido principalmente como escultor, este polifacético artista se formó en Inglaterra y Estados Unidos pero volvió a su Madrid natal, donde expuso por primera vez. Desde ese momento, no dejó de trabajar y enseñar su obra por todo el mundo, hasta su muerte. Estuvo casado con la también artista Cristina Iglesias, creadora de la fantástica puerta-escultura de la ampliación del Museo del Prado, en 2007.Esta exposición ha abarcado escultura, pintura, dibujo y sonido (produjo trabajos radiofónicos como A Man in a Room, Gambling, para la BBC, junto a Gavin Bryars, en 1980). Hemos podido ver obras como Tierra Baldía con dibujos geométricos en el suelo que descolocan al espectador y aíslan a la figura que cohabita con el piso; Cortinas de la “Naturaleza de la Ilusión Visual”, un espectacular trampantojo pintado con acrílico sobre lienzo; Descarrilamiento, un tren de acero que mide casi cuatro metros; Muchas veces o Escena de conversación, grupos conversando, realizados con bronce, resina y papel maché, entre los que los espectadores caminan hasta terminar empatizando con ellos; una serie de figuras de enanos que ignoran lo que acontece a su alrededor y se limitan a observar un punto de interés, véanse El apuntador, George o Sara frente al espejo. Y mucho más, casi cien obras repartidas por todo el museo que logran hacernos olvidar durante un tiempo que el Guernica de Picasso espera un fugaz saludo por nuestra parte.
Mención aparte para obras permanentes como la media sala dedicada a Pablo Palazuelo, que interesará a quien guste de la pintura abstracta y geométrica y tres obras curiosas, en tanto que es difícil reconocer a sus autores: Las nuevas savias de Antonio Saura (tuvo una fase surrealista), la escultura Mujer en el jardín de Picasso y Personaje de Tàpies.
Los teatros también se están moviendo bastante en Madrid y pude disfrutar de una obra, durante mi breve escapada, pero hablaré de ella en otra entrada.




