sábado, 6 de marzo de 2010

La historia reciclable

A dos días de los oscars, es difícil no pensar en el cine y hay algo que me llama la atención más que nunca. ¿No habéis notado una cierta crisis en la creatividad cinematográfica? Yo sí, últimamente estamos ante una pérdida considerable de nuevas ideas, en general. Tanto en la gran pantalla, como en series y programas de televisión, donde se copian unos a otros, sin ofrecer nada nuevo, salvo cambios de nombres. Incluso se ha vuelto a poner de moda algo que ya existía años atrás y pareciese que se acaba de inventar ahora: el cine en 3D.
¿Qué os parecen los remakes? ¿Creéis que es falta de inventiva, de ingenio o de medios?

Hay títulos muy famosos en su época que han sido “copiados” con más o menos acierto y para este año y el que viene hay muchos más. Algunos son sólo rumores pero otros muchos ya han sido confirmados. Por ejemplo: Los pájaros, 20 mil leguas de viaje submarino, Furia de titanes, Alicia en el País de las Maravillas, Pesadilla en Elm Street, Robin Hood, Robocop, El hombre lobo, El Diario de Ana Frank, Poltergeist, Terminator, Capitán América, Lobo, etc.

Cuando busco una película sale poca información de ésta, así que hasta que no vaya llegando la hora de su estreno o de su posible estreno, no sabremos mucho.
Hubo rumores también creo que infundados sobre Gladiator 2. Me parecería absurdo que hicieran un remake de esa película cuándo el protagonista murió. O de Regreso al futuro; incluso he llegado a leer que pensaban hacerlo de la película Dentro del laberinto, que protagonizó David Bowie.

Yo considero intocables algunas películas pero, en otros casos, creo que pueden aportar algo nuevo y que veamos la historia con otros ojos.
¿De qué películas os gustaria que hiciesen un remake y con qué actores? ¿Y cuáles no?

Un saludo a todos y disfrutad de la gala el domingo.

jueves, 11 de febrero de 2010

Golden slumbers

Hace unas semanas se celebró la ceremonia de los Globos de Oro y pudimos ver grandes momentos como el homenaje a Martin Scorsese a cargo de Robert de Niro y Leonardo Di Caprio, la felicidad de los creadores de "Up" al ser premiados por mejor película de animación y mejor banda sonora, el irónico y agradecido discurso de Robert Downey Jr por su genial Sherlock Holmes, la emoción del elenco de "Precious", el reconocimiento a Toni Collette por su papel en "United States of Tara", la participación de Paul McCartney y la satisfacción de los demás premiados como Kevin Bacon, Meryl Streep, Alec Baldwin o John Lithgow.

La siguiente parada es nuestra gala de los Goya, para la que yo prefiero no pronosticar nada porque la mayoría de los nominados son grandes directores y actores, además de que muchas de las películas participantes han tenido un gran éxito, véase “Celda 211”, “Ágora”, “El secreto de sus ojos”, “Gordos”, “Yo, también”, "El baile de la victoria", “El cónsul de Sodoma”, “Tetro” y “Los abrazos rotos”. Las candidaturas están bastante repartidas y esperemos que suceda lo mismo con los premios.
Sin duda, pase lo que pase, los nombres más mencionados dentro de unos días serán Alejandro Amenábar, Fernando Trueba, Ricardo Darín, Luis Tosar, Rachel Weisz, Jordi Mollá, Maribel Verdú, Pablo Pineda, Alberto Iglesias, etc, pero yo quiero detenerme esta vez en el casi desconocido mundo del cortometraje de animación.

No sé si habréis tenido la ocasión de ver el fantástico corto “La dama y la muerte”, escrito y dirigido por Javier Recio Gracia y producido, entre otros, por Antonio Banderas. Pues bien, no sólo está nominado para el Goya sino también para el Oscar y es que poco o nada tiene que envidiar a los filmes de Pixar.
Aquí podéis saber más sobre este trabajo y verlo en pantalla completa. No os despistéis porque está cuidado al máximo y hay detalles verdaderamente graciosos e ingeniosos.
Disfrutadlo y a ver qué ocurre el domingo.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Feliz año nuevo

Os deseamos unas felices fiestas, que disfrutéis estos días con vuestra gente más querida y no olvidéis marcaros objetivos para el nuevo año, que seguro será muy productivo para todos.
¡Feliz navidad y próspero 2010!

lunes, 30 de noviembre de 2009

El deseo de ser piel roja

Qué mejor fecha que la de hoy para hablar de “El deseo de ser piel roja”, un título tan original y significativo que dio nombre a una de las películas claves de la filmografía de Miguel y cuyo origen se halla en el poema homónimo de Franz Kafka, escrito dentro de su libro “Contemplación” en 1913 y que decía:
Si uno pudiera ser un piel roja
siempre alerta,
cabalgando sobre un caballo veloz,
a través del viento,
constantemente sacudido
sobre la tierra estremecida,
hasta arrojar las espuelas
porque no hacen falta espuelas,
hasta arrojar las riendas
porque no hacen falta riendas,
y apenas viera ante sí
que el campo era una pradera rasa,
habrían desaparecido las crines
y la cabeza del caballo.


Sin duda, es una emocionante llamada a la libertad absoluta, una utopía en tanto que los seres humanos vivimos irremediablemente sujetos a leyes y normas que nos limitan durante toda nuestra existencia. Kafka escribió este y otros relatos inspirándose en la parte tediosa y rutinaria de su vida, consciente a la vez de que, como diría Einstein, la estupidez humana es infinita y es por ello que necesitamos marcarnos un camino para no convertir el mundo en un caos aún mayor.

“El deseo de ser piel roja” ha inspirado a escritores, músicos como Los del yopo, que os sonarán de algo aunque, por ahora, no haya material suyo que disfrutar, y cineastas como Alfonso Ungría, que reflejó perfectamente el sentido del poema mediante la crisis del protagonista de su película, rodada en 2002.

Ungría es un director de actores, por lo que se centra más en los personajes que en el argumento de sus filmes. En “El deseo...” esto quedó más que demostrado al centrarse principalmente en el proceso emocional del personaje principal. En este trabajo, recuperó a Martín, que apareció por primera vez en su anterior filme “África” (1996), donde fue interpretado con éxito por Zoé Berriatúa.
En su primera aparición, Martín era un chico de barrio que sufría una crisis a los veinte años y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por amor. En la segunda, Martín (interpretado por Miguel), sufre la crisis existencial del treintañero y está tan o más perdido que en aquel entonces. Intenta evadirse del mundo en Tánger pero conoce a una pareja, Abel y Ana, con los que forma un trío de perdedores excéntricos que parecen seguir adelante por pura inercia.
Abel necesita un estímulo para exprimir la vida al máximo y se sirve de una broma de Martín para volver a España y emprender una aventura que podría ser la última, aunque eso es lo que menos le importa. Se establece entre ellos una relación muy especial y Ana queda situada en un papel incierto, ante la indiferencia de su amante y el interés creciente de su pretendiente. Las situaciones se suceden hasta llegar al punto en que cada uno de los tres debe decidir por sí mismo qué quiere hacer con su vida.

El resultado fue interesante, a pesar de no acertar del todo con el reparto. Hubo pequeñas intervenciones valiosas y momentos dignos de recordar como el enfrentamiento en primer plano entre Abel y Martín cuando estaban probando los explosivos o el monólogo del segundo al hacer autostop.
Miguel realizó un intenso trabajo de introspección para luego dejar que el personaje tomase las riendas, partiendo de la base común entre ambos pero sin someterlo y dejando que buscase su propio camino, lo que nos lleva de nuevo al sentido del poema: el anhelo de poder decidir sin dudas ni restricciones, las ganas de expresarse sin temor a la reacción de los demás, el afán de obrar sin medir cada paso. Esto deriva en un complejo debate, claro está, por las consecuencias que resultarían de alcanzar tal objetivo pero quién sabe si la libertad nos acerca más a la responsabilidad o a la felicidad, como planteaba Miguel hace unos meses.

Esta entrada queda abierta para hablar de todo lo que rodea a “El deseo de ser piel roja”, que no es poco. Y, cómo no, para festejar el día de hoy.
¡Feliz cumpleaños, Miguel!

miércoles, 18 de noviembre de 2009


Un perro andaluz y otras historias

Partiendo de la base de que cada persona tiene un gusto propio y particular, es de todos sabido que el cine español nunca ha gozado de demasiado apoyo hasta hace relativamente poco. Ya sea por falta de medios, censura o los temas a tratar, a lo largo del siglo XX salió adelante a pesar de los pesares.
Ahora vamos con la cabeza alta alardeando de que Amenábar y Almodóvar son directores made in Spain, porque se les reconoce internacionalmente y colaboran con gente de aquí y de allá. ¿Pero sólo hay que enorgullecerse de ellos? ¿No vale la pena echar la vista atrás y saber por dónde ha pasado nuestro cine hasta llegar a lo que es hoy?

La primera película con argumento data nada menos que de 1897. La primera con sonido nació tras más de treinta años de cine mudo. Tras un dificultoso arranque, comenzó a ser fructífero hasta que la Guerra Civil truncó su prometedor futuro. Al finalizar la guerra, muchos profesionales se exiliaron, ya que el nuevo régimen instauró la castradora censura y ordenó que todo filme estrenado en el país debía ser doblado al castellano.
El resultado de aquello derivó en que durante décadas no hemos podido evitar clasificar nuestros productos en grupos a cual menos elogiable: musicales (protagonizados por artistas, niños incluidos, que cantaban para promocionarse en el mundo de la música), películas religiosas, landismo y destape. Directores de la talla de Luis Buñuel, Juan Antonio Bardém, Luis García Berlanga o Carlos Saura, que hicieron películas diferentes, profundas, transgresoras y más europeas de lo que cabía esperar en los tiempos que les tocó vivir, han quedado en la sombra a causa de la mala imagen que nos ha dejado el resto. Es triste pensar que Buñuel fue homenajeado por gigantes como Wilder, Wyler, Hitchcock, Wise o Cukor y que aquí casi nadie puede mencionar dos o tres obras suyas. También lo es que muchas películas que fueron reconocidas fuera, aquí sufriesen críticas injustas y llenas de prejuicios e ignorancia, y que tantos actores y actrices fantásticos, por no irse, trabajasen en filmes deplorables porque no se podía hacer otro tipo de cine.

Afortunadamente, ahora faltan dedos para contar las películas de los últimos años que podemos recomendar. Con cada nuevo producto que goza de talento y trabajo a sus espaldas, comprobamos que aquí se puede hacer cine con tanta o más calidad que fuera, que no tenemos por qué estancarnos en uno o dos géneros que sólo interesen a unos pocos. Ahora los actores pueden soñar sin necesidad de volar a otros lugares para hacer algo que valga la pena. No sólo en la gran pantalla, porque cada vez hacemos series de mejor calidad.
Y lo mejor es que cada vez reconocemos más a los grandes de las generaciones anteriores, nos apetece indagar en las sagas más destacadas, saber qué hizo Buñuel en colaboración con Dalí, comprobar que Catherine Deneuve y Geraldine Chaplin fueron musas aquí, impactarnos con El verdugo o La cabina, ver Versión Española, reírnos con buenas comedias que no caigan en los tópicos de antaño, descubrir nuevos talentos y sorprendernos gratamente de lo polifacéticos que son muchos de los que ya conocemos.

Habrá quien disfrute mucho con nuestro cine y quien siga prefiriendo ver sólo el de fuera, así que hagamos críticas positivas y negativas, recomendaciones, comparaciones, descubrimientos, etc, sobre el cine español y el de nuestros compañeros de idioma que viven al otro lado del charco. A ver a qué conclusiones llegamos.

martes, 10 de noviembre de 2009


AMOR PLATOÚNICO, AMOR ESCÉNICO...

Una de las cosas vertiginosas y fascinantes del teatro es aquella en la que tanto se parece a la vida: la posiblidad de replanteárselo todo y cambiar. O si no intentar atesorar lo esencial y modelar la superficie para que el pasado entre en necesaria sintonía con el presente. Los actores también somos personas. Más inestables posiblemente que la mayoría. Por la sencilla razón de que estamos embarcados en la aventura de analizarlo, desmenuzarlo, cuestionarlo todo... para representarlo. Esa vocación, ese trabajo diario y casi espontáneo... te coloca en una inevitable posición de relativismo frente al comportamiento y las emociones. Te hace incluso tomarte muy poco en serio las tuyas. El riesgo de locura es alto. La garantía de diversión es igualmente elevada.
Estoy con Chusa Martín, Velasco, Críspulo y Paloma repasando el montaje de AMOR PLATOÚNICO y todo lo que teníamos parece francamente bueno... pero seguramente mejorable.
Y es que no podemos evitar cuestionar, dudar, polemizar... ¡Cómo mola el teatro!

viernes, 6 de noviembre de 2009


La vida por delante

Dicen que el tiempo lo cura todo, que ayuda a olvidar. Pero lo cierto es que, ya sea por nostalgia o porque algunos fantasmas son duros de roer, el pasado vuelve a nosotros con frecuencia, más aún si el presente está ligado a él.

“La vida por delante” es un buen ejemplo de hasta qué punto las experiencias pasadas pueden condicionar la vida presente y futura y de cómo, en algunos casos, se convierten en una prisión invisible. Madame Rosa (Concha Velasco) trabajó como prostituta en su juventud y, pese a lo que pueda parecer, fue su época más feliz. Iba a donde quería y con quien le apetecía, era joven y bella, tenía toda la vida por delante. Pero la vida le jugó una mala pasada y terminó en Auschwitz por ser judía. Sobrevivió a la terrible experiencia y se ganó la vida en París cuidando a los hijos de las prostitutas que no podían ocuparse de ellos, hasta el momento de poder volver a recogerlos. Ahora, a sus casi setenta años, agota su marginal existencia en compañía del último chico que le queda por custodiar: Momo (Rubén de Eguia), un entrañable adolescente al que ha criado como musulmán y que no para de hacerle preguntas porque a él también le pesa su pasado pero no por tener malos recuerdos sino porque no tiene ninguno, no sabe de dónde viene ni por qué nadie vuelve a por él, lo que le supone una carga tan pesada como la que soporta su benefactora.

Los recuerdos de Madame Rosa afloran de formas inesperadas, siente miedo y soledad, ya no tiene fuerzas para seguir y comienza a apagarse pero no le es fácil marcharse, le preocupa el futuro de Momo. Él necesita volar y buscar respuestas pero no quiere despegarse de la única figura materna que ha conocido y, mientras sus caminos se disponen a separarse, estrechan sus lazos luchando por la pequeña familia que formaron años atrás.

Basada en una novela del escritor Romain Gary (que usó el pseudónimo Emile Ajar para publicarla), esta obra ha sido traducida por Josep Maria Vidal, adaptada para teatro por Xavier Jaillard y dirigida por José María Pou. El elenco se completa con Carles Canut y José Luis Fernández, cuyos personajes juegan un papel significativo en el devenir de las vidas de los protagonistas.

Sencilla y con sentido del humor, esta obra es más que recomendable por sus diálogos abiertos a la reflexión, llenos de tolerancia y ternura, que dejan al público con un nudo en la garganta y sin poder dejar de aplaudir al final, sobre todo al talento más que demostrado de Concha Velasco que parece estar despidiéndose de su profesión, aunque esperemos no incluya a las tablas, y de Rubén de Eguia que borda su papel y provoca que echemos de menos al joven Momo cuando abandonamos el teatro.
Espero que podáis verla y disfrutarla, estoy casi segura de que os encantará.


sábado, 31 de octubre de 2009


Giselle

Inocencia, amor extremo, engaño, venganza y almas sin descanso son algunos ingredientes de los trágicos y románticos cuentos del siglo XIX con los que casi seguro estamos todos familiarizados.
Cinco lustros antes de que Bécquer escribiese el famoso relato El monte de las ánimas, por citar uno de sus mitos populares, el escritor Heinrich Heine creó su obra De l’Allemagne, a partir de una leyenda germana. Seis años más tarde, en 1841, se convirtió en la base argumental del ballet Giselle, con libreto de Theóphile Gautier, Jean Coralli y Vernoy de Saint-Georges, coreografía de Jules Pierrot y Coralli y música de Adolphe Adam. Fue estrenado el 28 de junio en la Ópera de París cosechando un gran éxito y propiciando sucesivas representaciones, hasta nuestros días.

Una de las bailarinas que encarnó a la dulce protagonista fue Alicia Alonso, quien sigue trabajando incansablemente, como coreógrafa, a sus casi noventa años. Nacida en La Habana en 1920, de padres españoles, tiene un puesto destacado en el mundo de la danza gracias en parte a Giselle. Creó la primera compañía cubana de ballet que, en un principio, llevaba su nombre y más tarde pasó a tener su denominación definitiva: Ballet Nacional de Cuba. La compañía se halla de gira, una vez más, y actualmente está representando esta obra en diversas ciudades españolas.

Dividida en dos actos, nos cuenta la historia de una joven campesina llamada Giselle, que vive felizmente enamorada de su amado Loys. Él finge ser un humilde aldeano para poder estar con ella pero, en realidad, es Albrecht, duque de Silesia. Hilarión, el guardabosques, también ama a Giselle y, ardiente de celos, decide vengarse de su contrincante, descubriéndolo ante ella en plena cacería de la corte del príncipe de Courtland. Lo que no preveen ninguno de los dos pretendientes es que la delicada salud de su adorada puede llevarle a la muerte, transformándose en una wili, un ser mitológico que vaga por la noche en el bosque, el alma en pena de una joven fallecida antes de su boda.
Giselle no da crédito a la mentira de su amado y reprende a Hilarión su sentencia pero contempla con horror cómo Albrecht admite su engaño. Baila incesantemente mientras pierde la razón hasta expirar su último aliento en brazos de su doliente madre. Ahora, la doncella es una wili y forma parte de un grupo de bellos espectros vestidos de blanco que vagan en busca de jóvenes vivos a los que poder castigar. Desean que Hilarión y Albrecht dancen hasta morir pero el amor de Giselle por Albrecht permanece inalterable y tratará de salvarlo como sea. Cuando transcurra la noche, los espectros deberán desaparecer y Giselle habrá de retornar a su tumba para ser velada por sus seres queridos.

El argumento dramático de la historia, en combinación con la cuidada coreografía, la eficiente puesta en escena y el profesional elenco, provocan que el público aplauda efusivamente numerosas veces a lo largo de la representación, aparte de regalar enormes ovaciones a la propia Alicia Alonso, que saluda al comienzo desde el público y al final sobre el escenario.
Mención especial para Annette Delgado (Giselle) por su fantástica ejecución, que sorprende y emociona hasta a los que no somos devotos del ballet clásico, y a los bailarines Serafín Castro, Raúl Mazorra, Omar Morales y Yonah Acosta, que realizan juntos grandes números en el primer acto pero no tienen oportunidad de saludar al terminar la función, como más de la mitad del equipo artístico, único punto negativo a recordar.
Quien desee vivir una leyenda mitológica y trágica sin palabras y con la sencillez y elegancia que sólo aporta el ballet clásico, no debe dudar en ir a ver Giselle. Le gustará.

lunes, 26 de octubre de 2009


La vida puede ser maravillosa

El pasado fin de semana perdimos a un grande de los grandes, un periodista que hacía el mundo del deporte más interesante de lo que ya era. Disfrutábamos con su voz e imaginación, con su capacidad para inventar jugadas y motes.
Andrés Montes. Ese hombre bajito con aspecto amable que comenzó siendo comentarista de los partidos de baloncesto y fútbol allá por el año 80, para más adelante, en el 96, retransmitir los partidos de la NBA.
La última vez lo vimos en el Eurobasket, donde anunció su despedida de la Sexta para volver al mundo del baloncesto, ya que retransmitía, desde 2006, los partidos de fútbol de esta cadena.
Algunas de sus frases más célebres, entre otras, eran :

¡Ratatatatatatata!
¡Tiqui-taca!
¡Wilma, ábreme la puerta!
¡Tiburónnnnnn!
¡¡Jugón!!

Lo que gustaba de verdad era cómo disfrutaba comentando los partidos fuera de lo que fuese. Es y era único. De verdad se puede decir que Wilma le abrió la puerta.
Hasta siempre, jugón.

miércoles, 21 de octubre de 2009


El poder de la simplicidad

Estuvimos viendo "La omisión de la familia Coleman" en la sala pequeña del Teatro Español. Bravo. Simplicidad absoluta de elementos escénicos, ropa casi harapienta... y diálogos increíblemente veraces. Un drama que hace reir. Actores sincronizados de tal manera que son capaces de plantear varias conversaciones simultáneas permitiendo que el espectador no sólo se entere de ambas situaciones, sino que además tenga la verdadera sensación de haberse infiltrado en una casa ajena.
La pobre y destartalada casa de los Coleman: una madre que no ha querido dejar de ser una niña, una abuela que comprende a todos pero no arregla a nadie, un hijo psicótico y caprichoso, otro dolorido y aspirante a criminal... y una niña que está dispuesta a ser madre de todos pero que no la dejan. Alguien escapó de aquel territorio sembrado de padres ausentes y devastado por la pobreza y la abulia: una hija que fué entregada en adopción y se crió de otra manera. Ella ahora es una mujer emancipada, madre de dos hijos y responsable que intenta hacer algo por su familia de origen. Ese leve ejercicio de buena voluntad le lleva al desastre personal.
Y os aseguro que te ríes. Te ríes sin parar al contemplar esa familia que destruye y enreda todo lo que toca a pesar de que te espantaría formar parte de ella.
Un desastre ordenado por un relojero: Claudio Tolcachir. ¿Cómo se hace una pieza tan divertida y angustiosa a la vez? ¿Cómo se consigue ese efecto de espontaneidad sin dejar un resquicio de engaño al espectador? Trabajando de una manera muy particular... en palabras de Tolcachir: "Conocía el grupo de actores, sabía con quiénes quería trabajar. Y había también desafíos para los actores: que trabajaran personajes distintos, quería imágenes de ellos transformados. Y apareció una familia. Yo tenía de los personajes apenas algún indicio, casi —podría decirse— un prejuicio. "Conocer a un personaje no es distinto a conocer a una persona: están las ideas previas que a veces impiden mirar claro". Nada ingenuo, tiró en aquellos primeros ensayos dos consignas que sólo pueden surgir en alguien que entiende algo de lo que pasa en el mundo. "Les pedí —recuerda— que se quedaran en la casa, que permanecieran, sin forzar nada. Que estuvieran, nada más. Y algo más: nadie debía tener claro qué lugar ocupaba en esa familia". Estar en una casa sin saber qué hacer y no saber qué lugar se ocupa en ese organigrama amable y feroz: cualquier similitud con la realidad no parece ser pura coincidencia. "Quería un desarrollo de la historia, no tenía que ser una familia cuyo drama pudiera decirse en una sola línea", explica.
Una forma diferente de trabajar que repercute en el espectador de una forma brutal, pero que exige de los actores una implicación más allá de lo normal... ¿Seríamos capaces de practicar éso en España? Nosotros lo vamos a intentar.

Tenéis Familia Coleman en Madrid hasta el 1 de Noviembre y "Tercer Cuerpo" otro espectáculo de "Timbre 4" y Tolcachir hasta el 29.

jueves, 8 de octubre de 2009


Los adulterios de la abeja reina

Entre toda la oferta teatral que hay ahora en cartelera, podemos encontrar dos obras cuyo nexo principal es una veterana actriz de cabello rojizo y mirada inocente que se ha embarcado en dos proyectos muy diferentes.

Verónica Forqué siempre ha admirado la obra de Woody Allen y, cuando se le presentó la oportunidad de dirigir una de sus obras, no se lo pensó dos veces. Adulterios reúne todo lo que nos divierte de Allen y le hace único: amor, infidelidad, conversaciones filosóficas, psiquiatras más paranoicos que sus pacientes, toneladas de sentido del humor y el marco incomparable de Nueva York. La historia comienza presentándonos a Phyllis (María Barranco), una reputada psiquiatra de Manhattan que descubre la infidelidad de su marido. Cita a Carol (Miriam Díaz-Aroca), su mejor amiga, para hablar del tema, comienzan a salir secretos a la luz y, cuando aparecen sus respectivos maridos, la trama se enreda hasta la locura, sin dejar que el público respire entre una carcajada y otra. Resultando muy efectivos los cinco actores, María Barranco brilla especialmente, como gran embajadora del sentido del humor que es desde que la conocemos. Y mención aparte para Fermí Herrero (Howard) por encarnar al divertidísimo y entrañable personaje en el que vemos reflejado al propio Woody Allen.
Sin duda, esta obra divierte y entretiene hasta al más reacio a la risa. Altamente recomendable.

Por otro lado, Forqué se ha aventurado a versionar Humble Boy, un texto de la actriz y dramaturga Charlotte Jones, que aquí ha pasado a llamarse La abeja reina. Hace siete años, vio esta obra en Londres, le encantó y quiso interpretar a la protagonista en nuestro país pero, por cuestiones de edad, el proyecto se demoró hasta ahora, contando con Miguel Narros como director.
Flora Humble es la abeja reina sobre la que revolotean los demás personajes de esta shakesperiana historia. Se ha quedado viuda pero tiene a Angelita (Marta Fernández Muro) y a Luis (Miguel Rellán), una amiga y un amante incondicionales que le endulzan la vida sin necesidad de saborear la miel que generaban las abejas de su difunto marido y que ahora quiere exterminar. Su tranquilidad se trunca con el regreso de su hijo Félix (Juan Díaz) un joven profesor universitario en plena crisis que sólo se defiende hablando de astrofísica, campo en el que ha volcado su vida para huir de los fantasmas del pasado. El diálogo entre ambos no les lleva a ningún lado, sólo a lanzarse reproches el uno al otro. Él se desahoga hablando solo o con el jardinero (Juan Carlos Sánchez) que no pierde la sonrisa y le alienta a ver las cosas de otra forma. Ella disfruta dejándose querer por Luis y minando la autoestima de su insegura amiga. Pero no se conforma con ello y decide reunirlos a todos, incluyendo a la hija de su amante, Rosie (Alba Alonso), con la que su hijo tuvo una relación años atrás y que tiene más de un tema que resolver con él.
La trama deriva más en el drama que en el humor, aunque tiene varios momentos divertidos, sobre todo gracias a Miguel Rellán. Muy bueno el trabajo de todo el elenco pero le falta algo a la obra, no sabría decir qué pero se hace rápida y lenta a la vez, es dramática pero no lo suficiente, tiene humor pero no el necesario para contrastar con la tensión del argumento, provoca una sensación extraña y algo desasosegadora. Aún así, yo la recomendaría por ver la maravillosa puesta en escena, el buen hacer de los actores y la sorpresa final de la historia.

miércoles, 30 de septiembre de 2009


¡A SACO!


HISTORIA DE UN “SAQUEO”
Una enfermera asesina sistemática de maridos. Un ex-facha empeñado en demostrar que acepta los principios constitucionales, para lo cual ha desarrollado una enfermiza sumisión a las instituciones democráticas y sus funcionarios. Un funeral. Un cadáver sin testamento. El botín de un gran robo escondido en alguna parte del escenario. Dos criminales aficionados absolutamente inmorales y de sexualidad revuelta. Y… ¿un inspector?... que se supone que debería resolver el caso, pero que lo enreda todavía más. ¿Qué puede pasar...? Tantas e inesperadas cosas que, juntas, arrasarán los diafragmas de la concurrencia a base de carcajada limpia, pero inteligente y crítica. Vamos denunciar y contar cómo los seres humanos ocultamos nuestro egoísmo tras una máscara idealista. Todos tenemos teorías sobre la vida, el mundo y cómo debería ser una sociedad ideal. Pero luego, en la distancia corta, en la realidad... todos vamos a lo nuestro. Igual que los enloquecidos y bufos personajes de nuestra obra: creada en 1965 por el autor más provocador y divertido de su tiempo, JOE ORTON, y puenteada hacia la actualidad por LA COMPAÑÍA. En este espectáculo vamos todos...

¡A SACO!

Este domingo a las 11.00h en el Teatro del Arenal comienza un largo proceso de entrenamiento actoral con vistas a un montaje alocado pero preciso de la gran obra de Joe Orton "Loot", que yo traduje como "Saqueo" y que LA COMPAÑÍA acabó tildando de "¡A SACO!" Haremos trabajo de análisis de texto intensivo para decidir entre todos de dónde partimos y hacia dónde queremos ir. Luego flexibilizaremos los ensayos para trabajar aspectos parciales. También haremos talleres concretos de voz y de movimiento escénico con especialistas. La idea es llegar al 1 de Febrero con tal bagaje que la puesta en escena fluya de forma casi espontánea sobre las tablas hasta subirnos el 13 de Marzo al Teatro Palacio Valdés. La semana que viene os contaré las primeras sensaciones. Aunque tras la conversación con los jóvenes que se han involucrado en este proyecto tan estimulante como loco, ya tengo mi primer subidón: Javier Ambrossi, Bernabé Fernández, Marco Martínez y Adrián Lamana se han embarcado con toda su energía y su maravillosa inocencia en este viaje de exploración apriori, y de conquista (espero) a posteriori. Es para sentirse esperanzado con la nueva generación de actores que aportarán calidad y compromiso en los próximos años.

jueves, 17 de septiembre de 2009


Take this waltz

Cuando tras más de cincuenta años trabajando, una persona ve desvanecerse la tranquilidad que merece su vejez, por circunstancias ajenas a su voluntad, puede autocompadecerse hasta el extremo y dejarse morir en la ruina, subsistir con lo poco que le queda, recurrir a sus allegados o venderse a la luz pública para obtener un beneficio rápido. Pero siempre hay una forma productiva de recuperarse sin perder la dignidad. ¿Quién dijo que en la tercera edad ya no se sirve para nada? ¿Cuándo finaliza la vida profesional de una persona?

Leonard Cohen perdió hace cinco años, a manos de una supuesta persona de confianza, el dinero que le garantizaba una jubilación acomodada, tras décadas de trabajo. Este artista canadiense publicó su primer poemario con sólo veintidós años y, desde ese momento, no cesó de publicar libros y discos, convirtiéndose en un referente literario y musical para miles de lectores y oyentes.
¿Qué hacer ante esta triste y no menos humillante situación? Recurrir a lo que mejor sabe hacer: volver a los escenarios. Y no lo ha hecho de cualquier forma. Ha vuelto acompañado de unos músicos de excepción y con la energía suficiente como para viajar de un lado a otro dando lo mejor de sí, durante dos años.

El pasado domingo ofreció uno de los ciento cincuenta conciertos que está realizando desde mayo del año pasado. El espectáculo aconteció en un pueblo de Granada, la provincia andaluza que marcó su vida al descubrir la obra de Federico García Lorca y en cuyo honor llamó Lorca a una de sus hijas. Fue un show inolvidable porque no sólo estábamos ante una leyenda viva de la música, sino frente un hombre que tiene setenta y cinco años de vida a sus espaldas y se mueve por el escenario como si por él no hubiese pasado el tiempo. Enjuto, elegantemente vestido, ceremonioso, sonriente y con la voz más grave y rasgada, cantó y recitó durante más de tres horas, dividas en dos sets y tres generosos bises.

Con sincera humildad dejó brillar y destacar, durante todo el repertorio, a sus nueve acompañantes: Roscoe Beck (bajo, contrabajo y coros), Rafael Gayol (batería y percusión), Neil Larsen (teclados y acordeón), Bob Metzger (guitarra eléctrica), Sharon Robinson (voz y coros), Webb Sisters (coros, arpa y guitarra) y los fantásticos Dino Soldo (saxo, flauta eléctrica, armónica, teclados y coros) y el catalán Javier Mas (guitarra de 12 cuerdas, bandurria, laúd y archilaúd). Todos tuvieron sus grandes momentos con solos espectaculares, especialmente Soldo y Mas.

Composiciones memorables, tanto para quienes vivieron su nacimiento y pudieron oírlas en voz de un Cohen joven como para las siguientes generaciones (que las hemos escuchado sin ubicar a veces su autoría), hicieron las delicias de los asistentes. Sonaron, entre otras, Dance me to the end of love, Everybody knows, In my secret life, The Future, I’m your man, Ain’t no cure for love, The partisane, The gipsy’s wife y las emblemáticas Suzanne, So long Marianne, Hallelujah, Sisters of mercy y Bird on the wire. La guinda, cómo no, fue Take this waltz, su maravillosa versión del poema Pequeño vals vienés de Lorca.

En muchas de las innumerables críticas escritas sobre esta gira se está dando las gracias a la impresentable que se dio a la fuga con un dinero que no era suyo e indirectamente ha propiciado que el compositor y su inseparable sombrero se echen de nuevo a la carretera. Yo no lo voy a hacer porque a quien le estoy agradecida es al propio Cohen, a él y a los músicos y técnicos que le acompañan de una ciudad a otra, cuidando cada detalle y haciéndonos felices durante tres horas a todos los que amamos la buena música y hemos tenido la suerte de verlos. Por eso y porque seguramente será la última vez que le disfrutemos en directo, yo le digo desde aquí: Hey, Mr. Cohen, that’s the best way to say goodbye!

martes, 8 de septiembre de 2009


Arte en Madrid II

Este verano, el núcleo artístico de Madrid, situado en el Paseo del Prado, ha reunido tres grandes exposiciones que, a raíz de su éxito, han demorado su finalización y requerido un horario de visita más amplio. La crisis se nota también en la afluencia turística pero, curiosamente, el arte no se resiente tanto como otras áreas, sin contar con que hay varios sitios con franjas horarias de entrada gratuita.

Henri Matisse (1869-1954) es el centro de atención del museo Thyssen-Bornemisza, hasta el día 20 de septiembre. Su trayectoria se divide en tres periodos y esta exposición se centra en la segunda etapa, desde 1917 hasta 1941, la más extensa e incomprendida. Durante esta época, experimentó un fuerte cambio cuando se adivinaba el final de la Primera Guerra Mundial, cambiando de ciudad de residencia y adentrándose en lo que él denominó “pintura de intimidad”. Abandonó sus grandes composiciones planas, volviendo a introducir el volumen, mediante el color y la forma, e inspirándose en la pintura holandesa del siglo XVII. En esta muestra podemos observar claramente que Matisse primaba el color sobre lo demás porque pensaba que éste podía desempeñar el papel de otros factores como las perspectivas o las sombras.
Tras una crisis profesional y una vuelta a sus orígenes, por un encargo para un mural, decidió centrarse en el dibujo más que en la pintura y fue en ese momento cuando concluyó el período que abarca esta exposición.
Se le considera heredero de Cézanne y Gauguin y un artista tan influyente como Picasso pero, desde mi punto de vista, no estaba al mismo nivel y, aunque vale la pena ver la exposición, recomiendo disfrutar más de la extensa y variada colección permanente del museo, que además abarca todas las épocas y estilos.

El Museo del Prado disfruta de sus últimos días con la apabullante exposición de Joaquín Sorolla (1863-1923), una clara muestra del gran muralista que fue, aunque dominaba todo lo que se propusiese. Lejos queda aquella simple referencia de “el pintor de las mujeres en la playa” porque fue mucho más que eso. Su perfecta elección del color, su dominio de las proporciones y la precisión que lograba a base de grandes pinceladas, dotaron a sus cuadros de vida y realismo, tómese como ejemplo ¡Aún dicen que el pescado es caro! Siendo toda su obra digna de mención, incluidos los tributos a maestros en los retratos familiares como Mi familia, no hay duda de que su estrella es “Visiones de España”, un conjunto de óleos realizados para The Hispanic Society of America de Nueva York, para la que se comprometió a plasmar la esencia de las provincias de España. Al tener que pintar murales de gran tamaño y fieles a la realidad, necesitó ocho años, durante los que viajó por todo el país buscando lo más curioso y característico de cada lugar. Mientras tanto, realizó obras de menor tamaño y precisión, buscando nuevas opciones para representar la luz.
Fantástica exposición que aún se puede ver, porque termina el día 13, y que yo recomendaría redondear dando una vuelta por las salas de Velázquez y Goya y disfrutando del gran diseño de la ampliación del museo, realizada por Rafael Moneo.

Por último, el tercer punto fuerte ha sido Juan Muñoz (1953-2001) en el Museo Reina Sofía, con la colaboración de la Tate Modern de Londres. Conocido principalmente como escultor, este polifacético artista se formó en Inglaterra y Estados Unidos pero volvió a su Madrid natal, donde expuso por primera vez. Desde ese momento, no dejó de trabajar y enseñar su obra por todo el mundo, hasta su muerte. Estuvo casado con la también artista Cristina Iglesias, creadora de la fantástica puerta-escultura de la ampliación del Museo del Prado, en 2007.
Esta exposición ha abarcado escultura, pintura, dibujo y sonido (produjo trabajos radiofónicos como A Man in a Room, Gambling, para la BBC, junto a Gavin Bryars, en 1980). Hemos podido ver obras como Tierra Baldía con dibujos geométricos en el suelo que descolocan al espectador y aíslan a la figura que cohabita con el piso; Cortinas de la “Naturaleza de la Ilusión Visual”, un espectacular trampantojo pintado con acrílico sobre lienzo; Descarrilamiento, un tren de acero que mide casi cuatro metros; Muchas veces o Escena de conversación, grupos conversando, realizados con bronce, resina y papel maché, entre los que los espectadores caminan hasta terminar empatizando con ellos; una serie de figuras de enanos que ignoran lo que acontece a su alrededor y se limitan a observar un punto de interés, véanse El apuntador, George o Sara frente al espejo. Y mucho más, casi cien obras repartidas por todo el museo que logran hacernos olvidar durante un tiempo que el Guernica de Picasso espera un fugaz saludo por nuestra parte.
Mención aparte para obras permanentes como la media sala dedicada a Pablo Palazuelo, que interesará a quien guste de la pintura abstracta y geométrica y tres obras curiosas, en tanto que es difícil reconocer a sus autores: Las nuevas savias de Antonio Saura (tuvo una fase surrealista), la escultura Mujer en el jardín de Picasso y Personaje de Tàpies.

Los teatros también se están moviendo bastante en Madrid y pude disfrutar de una obra, durante mi breve escapada, pero hablaré de ella en otra entrada.

sábado, 5 de septiembre de 2009


Harry Potter y el príncipe mestizo

Aunque hace ya más de un mes que se estrenó, tenía pensado desde hace algún tiempo hablar de la sexta película de esta saga. He de decir primero que me ha decepcionado un poco la adaptación del sexto libro, omiten muchas cosas y se inventan otras tantas. Es verdad que es muy complejo llevar un libro al cine pero deberían incluir lo más importante de la historia. Por ello, recomiendo primero leer los libros antes de ver las películas porque puede que mucha gente no entienda la mitad de las cosas que suceden.

La película comienza en el Londres muggle, siendo atacado por los mortífagos, lo que nos da a entender que Voldemort ha vuelto y con ello comienza la guerra. Impactante la destrucción del puente.
Más tarde, vemos al profesor Horace Slughorn, muy bien interpretado por Jim Broadbent, que es igual al que imaginamos en el libro. Despistado y algo alocado, será el profesor de Pociones este año, ya que el profesor Severus Snape aceptará su ansiado puesto de profesor de Artes oscuras.
Un momento memorable es el juramento inquebrantable entre Narcisa Malfoy y Severus Snape, cuando él jura proteger a Draco y hacerse cargo, en el caso de que él no pueda acabar la misión que el señor tenebroso le ha encomendado, de dicha empresa. Gran escena.

El misterio del príncipe trata básicamente de un libro de pociones que Harry encuentra accidentalmente en clase. Su dueño se hacía llamar "El principe mestizo". En él hay instrucciones avanzadas sobre pociones, cosa que ayuda a Harry a aprender más sobre esta asignatura, incluyendo hechizos como septusembra. Lo decepcionante de este hecho es que apenas se investiga quién podría ser el príncipe hasta el final.

Hay otra trama paralela como la búsqueda de los horrocruxes (objetos o personas donde se guarda una parte del alma). Voldemort dividió su alma en siete partes, por lo tanto, hay siete horrocruxes. Para matarle hay que destruirlos todos. Vemos a Voldemort de niño, interpretado por el sobrino de Ralph Fiennes, y cómo se convirtió en el mago más temido.

Me sigue sorprendiendo que todos los directores se centren tanto en el trío protagonista (Harry, Ron y Hermione), a pesar de que la historia es más compleja y todos los personajes tienen un papel importante. Es más, el verdadero héroe de la historia es otra persona y no Harry Potter como nos hacen entender; esto lo hablaremos en la septima cuando llegue el momento.

Lo más emotivo de la película, en mi opinión, es la escena de la cueva dónde Dumbledore bebe una poción para así acabar con un horrocrux que es el relicario de Salazar Slytherin. Vemos a Dumbledore sumido en el dolor que le provoca dicha poción, con Harry desesperado haciéndosela beber.
Cómo no, muy emotiva también es la muerte de Albus, a manos de Severus, y todos en Hogwarts llorando su muerte. Esta escena sí que me decepcionó, porque no es fiel, ya que en el libro celebran su funeral, en el capítulo "El sepulcro blanco", aunque la música es muy buena. Siempre lo diré: una buena banda sonora da calidad a una película.

Snape es tachado de traidor pero algo esconde, muy adentro, que explica sus actos. La misión de Draco era matar a Albus pero es muy joven para cometer ese terrible acto y tampoco lo deseaba, sólo era una venganza del señor tenebroso hacia Lucius Malfoy, padre de Draco, para humillarlo.

En definitiva, es una película que entretiene, Harry Potter ya no es para niños por su carga emocional, aunque hecho en falta más acción.