miércoles, 21 de octubre de 2009


El poder de la simplicidad

Estuvimos viendo "La omisión de la familia Coleman" en la sala pequeña del Teatro Español. Bravo. Simplicidad absoluta de elementos escénicos, ropa casi harapienta... y diálogos increíblemente veraces. Un drama que hace reir. Actores sincronizados de tal manera que son capaces de plantear varias conversaciones simultáneas permitiendo que el espectador no sólo se entere de ambas situaciones, sino que además tenga la verdadera sensación de haberse infiltrado en una casa ajena.
La pobre y destartalada casa de los Coleman: una madre que no ha querido dejar de ser una niña, una abuela que comprende a todos pero no arregla a nadie, un hijo psicótico y caprichoso, otro dolorido y aspirante a criminal... y una niña que está dispuesta a ser madre de todos pero que no la dejan. Alguien escapó de aquel territorio sembrado de padres ausentes y devastado por la pobreza y la abulia: una hija que fué entregada en adopción y se crió de otra manera. Ella ahora es una mujer emancipada, madre de dos hijos y responsable que intenta hacer algo por su familia de origen. Ese leve ejercicio de buena voluntad le lleva al desastre personal.
Y os aseguro que te ríes. Te ríes sin parar al contemplar esa familia que destruye y enreda todo lo que toca a pesar de que te espantaría formar parte de ella.
Un desastre ordenado por un relojero: Claudio Tolcachir. ¿Cómo se hace una pieza tan divertida y angustiosa a la vez? ¿Cómo se consigue ese efecto de espontaneidad sin dejar un resquicio de engaño al espectador? Trabajando de una manera muy particular... en palabras de Tolcachir: "Conocía el grupo de actores, sabía con quiénes quería trabajar. Y había también desafíos para los actores: que trabajaran personajes distintos, quería imágenes de ellos transformados. Y apareció una familia. Yo tenía de los personajes apenas algún indicio, casi —podría decirse— un prejuicio. "Conocer a un personaje no es distinto a conocer a una persona: están las ideas previas que a veces impiden mirar claro". Nada ingenuo, tiró en aquellos primeros ensayos dos consignas que sólo pueden surgir en alguien que entiende algo de lo que pasa en el mundo. "Les pedí —recuerda— que se quedaran en la casa, que permanecieran, sin forzar nada. Que estuvieran, nada más. Y algo más: nadie debía tener claro qué lugar ocupaba en esa familia". Estar en una casa sin saber qué hacer y no saber qué lugar se ocupa en ese organigrama amable y feroz: cualquier similitud con la realidad no parece ser pura coincidencia. "Quería un desarrollo de la historia, no tenía que ser una familia cuyo drama pudiera decirse en una sola línea", explica.
Una forma diferente de trabajar que repercute en el espectador de una forma brutal, pero que exige de los actores una implicación más allá de lo normal... ¿Seríamos capaces de practicar éso en España? Nosotros lo vamos a intentar.

Tenéis Familia Coleman en Madrid hasta el 1 de Noviembre y "Tercer Cuerpo" otro espectáculo de "Timbre 4" y Tolcachir hasta el 29.

16 comentarios:

ramonrubial dijo...

Sabes, yo ya voy al teatro con vosotros, claro evidentemente no es lo mismo, pero como mi situación económica no me lo permite, estoy encantada con, en especial, con tus epílogos.
Gracias
Mila

Laura dijo...

¡Hola a tod@s!

Me encanta el título de la entrada: "El poder de la simplicidad".
Y me gusta porque últimamente todas las obras que he visto (que no han sido muchas porque no siempre hay oportunidad) se han caracterizado por eso, por la simplicidad.

¡Qué diferencia entre el cine y el teatro!
En el cine te lo dan todo hecho, y no tienes que hacer el ejercicio intelectual de imaginarte la escena.

En el teatro lo importante es el texto, el trabajo actoral, mucho más que la ambientación, que es lo que el espectador se tiene que crear.

Una muestra de esto en las obras que he visto:

"La lección" en la sala pequeña del teatro español: tres actores, una única sala como escenario.
"No me enredes que me enredo" en Estella: varios actores en un solo espacio que se supone que es una casa con dos puertas, un sofá, una mesita auxiliar y una ventana.
"39 escalones" en el Bretón de Logroño: el colmo de la simplicidad y del uso de recursos. 4 actores representando a un montón de personajes y simulando persecuciones en tren, cruzar lagos, pernoctaciones en granjas, hoteles, viajes en coche, etc... con un escenario casi desnudo y muy pocos elementos.
"El pez gordo" en el teatro Arenal: 3 personajes en una habitación de un hotel. Y punto.

Por eso yo siempre me descubro ante la magia del teatro, la capacidad de crear una atmósfera determinada con pocos elementos.

Creo que cuando una compañía consigue esa magia, la recompensa es infinita.

Y supongo que cualquier intérprete o director aspirará a conseguirla, ¿no? Es el premio al trabajo bien hecho.

Un saludo desde Estella
Laura

rebecafinnigan dijo...

Hola Miguel!! Te cuento que yo fui a ver "La Omision de la familia Coleman" cuando se estrenó aquí, en Buenos Aires, hace unos años.

Ahora se fueron de gira. Estuvieron un tiempo en Nueva York y tambien les fue genial. Parece que pasara lo mismo en España.

Es alucinante, no te parece? Yo la viví como una clase magistral de teatro. Y es cierto lo que dices, no paras de reirte. A mi me fascinó.

Me alegro que a ti tambien te haya gustado!!!

Besos de una española desde el sur!

María del Aguila dijo...

Buenas tardes a tod@s, buenas tardes Miguel:

Estupenda esta entrada con la que de nuevo nos haces ver lo importante que es el planteamiento en una representación teatral, la comunicación entre los actores y el director, y cómo muchas veces se cumple el dicho popular que reza "menos es más". Y todo ello al fín para convertir aquello que se está componiendo en una pieza que hace sentirse al espectador integrado en la escena y partícipe de lo que en ella se está diciendo.
Con brevedad y certeza nos describes qué encontraríamos si tuviesemos ocasión de ver este montaje y como es costumbre vuelve a ser un gusto poder hacerlo a través de tu palabra, gracias Miguel por dejarnos conocer tus impresiones y sensaciones con "La omisión de la familia Coleman" ya que resulta muy valioso conocer tu punto de vista sobre ésta o cualquier otra representación, haciéndonos disfrutarla así de una manera ... especial.

Un beso. María del Aguila.

PD- Gracias Charlotte por tus actualizaciones de la web.

Ana dijo...

¡Hola!!!
¡Muchísimas gracias por esta interesante y apetitosa entrada, Miguel!! Todavía me queda más de un mes para saborearlas en directo, pero ahora espero aún con mayor ilusión sabiendo que voy a disfrutar de un par de obras de esas inolvidables (tengo entradas para “La Omisión de la Familia Coleman” para el 3 de diciembre en Gijón y para “Tercer Cuerpo” al día siguiente, 4 de diciembre, en el Palacio Valdés.
No sé si has visto o vas a ver también “Tercer Cuerpo”, Miguel, pero leyendo las palabras que transcribes de Tolcachir, lo que nos cuentas sobre su forma de trabajar y tus entusiastas impresiones como espectador no me cabe duda de que “Tercer Cuerpo va a ser otra joya como “Coleman”: un buen broche para cerrar la temporada en Avilés, pero claro, para dar paso a otra que va a ser lo más... ;)

Gracias de verdad por estas maravillosas entradas críticas, que nos hacen llegar tu amor por el teatro y nos enseñan tanto sobre él, nos ayudan a apreciarlo y valorarlo aún más.

Y ánimo con todo ese trabajo que tenéis entre manos con Orton, que con buena materia prima, talento y esfuerzo, el resultado tiene por fuerza que ser magnífico, segurísimo...

Un beso de la fan de Oviedo para los currantes artistas de “!A saco!”: Ana Carmen

PD. Este finde espero poder ir a ver a Yllana con la obra “Brokers” (en La Felguera). Me apetece muchísimo después de todas las cosas estupendas que he oído sobre ellos, y que además apetece echar unas risas auténticas con humor del bueno. Ya os contaré.

Amalgama dijo...

Gracias por la crónica y que rabia me da leerla porque tuve la oportunidad de verla hace un mes y la dejé pasar. Era una de las cuatro obras de sala del Festival del Teatro de mi ciudad...en fin, de poco me sirve lamentarme ahora. Hay que saber aprovechar el momento, así que ahora sólo me queda esperar a mañana para ver a José María Pou en Los chicos de historia...ésta no la dejaré pasar.
Un abrazo

vane dijo...

Hola!!!

Gracias Miguel por esta magnífica entrada,muy interesante.

Que pena que no viva en Madrid sino ya hubiera cogido la entrada para ver esta obra,parece interesante y divertida.

Espero q se muevan por mas ciudades y recalen cerca de Vitoria,si es asi intentaré ir a verla.

En el mes que entra, en Vitoria, es el mes del teatro internacional,he tenido muy mala suerte a la hora de comprar entradas para ver alguna obra,parece ser q la mayoria se ha hecho abono y no ha quedado casi nada libre,que pena con las ganas q tenia de ver la obra de Tim Robbins y la de 39 escalones,en fin,es lo q tiene tener un teatro pequeño.

un saludo y cuidate Miguelll

besos

Ana dijo...

!Hola gente!
Una recomendación teatral:
Hoy, o sea, ayer viernes, estuve viendo “Arizona”. Escrita y dirigida por Juan Carlos Rubio e interpretada por Aurora Sánchez y Alberto Delgado. Buenísima.
Un escenario simple que los mismos actores montan, convertiendo un trozo del árido desierto de Arizona en su propio y algo menos hostil campamento/puesto de vigilancia como voluntarios de la organización “Minute Man”, una organización que existe en la realidad y que se define a sí misma –Juan Carlos Rubio recoge las palabras en el programa de su pieza teatral– como “una entidad dedicada a rflexionar con los vecinos del sur acerca de las fronteras... Sus intereses son altruistas y bien intencionados”. Poco que ver con la realidad.
Juan Carlos Rubio comenta que la noticia aparecida en un periódico sobre la existencia de esta peculiar organización de norteamericanos civiles, dispuestos a patrullar la frontera entre Méjico y estados Unidos con el propósito contener el flujo de immigrantes ilegales, fue el germen de “Arizona”. Y ya construida y sobre las tablas, lo que en principio se muestra al espectador como la personal parcela en el desierto de Arizona de la pareja protagonista, Margaret y George, a donde han ido a desarrollar su particular “misión” de “guardianes” del país, se va poco a poco abriendo, extendiendo, traspasando fronteras: los espectadores, que estamos al otro lado de esa línea que sabemos George va a “defender” sin atender a razones ni sentimientos, ya no somos Méjico, ni el Sur, ni un pueblo ni una raza... somos el Enemigo en el que, en esta época que vivimos, falta de entendimiento y plagada de integrismos, cualquiera nos podemos convertir... sin falta de irnos muy lejos...
Me ha parecido que el tema está tratado con gran ingenio, con elegancia, con el toque justo de humor ácido y crítico... Transmite con maestría el mensaje sirviéndose de una trama y de unos diálogos que lo dicen todo, y sugieren aún más, desde la simplicidad con que están planteados. Para mí fue una gratísima sorpresa, me ha parecido una obra magnífica.
Alberto Delgado está soberbio como el pobre diablo, víctima de su propio fanatismo, en que ha llegado a convertirse. Aurora Sánchez no puede hacer mejor su papel de esposa obediente que, en medio de ese mismo fanatismo, ya casi ha perdido su personalidad, la libertad para opinar, para plantearse cuestiones morales y hasta para dudar. Los dos magistrales.

Creo que lleva más de un año de gira, pero si estáis aún a tiempo de ver “Arizona”, ¡NO OS LA PERDÁIS!

Os dejo este video que acabo de encontrar, donde Alberto Delgado habla de su trabajo como actor y de “Arizona”, y también se ven varias escenas de la misma:
http://www.esmadrid.com/es/cargarAplicacionVideo.do;jsessionid=00413B038F2B5B7C930E7F1D3F0855F6.CMS2?texto=%25&identificador=16487

Un beso y hasta pronto: Ana Carmen
PD. En La Mandrágora han salido hoy algunos fragmentos del estreno de “La casa de la Fuerza”, de Angélica Liddell, en La Laboral de Gijón. ¿Lo habéis visto? ¿Qué os ha parecido? Después de unas pocas funciones me imagino que tiene que descansar varios días para reponer fuerzas y sangre, tras semejante extenuación.

María del Aguila dijo...

Buenas tardes a tod@s:

Estuve viendo "La Mandrágora" y su reportaje sobre "La casa de la fuerza" y Angélica Liddell, y verdaderamente me parece impactante este montaje. Bajo mi punto de vista es más una terapia, -quizá todos en alguna ocasión hemos, por ejemplo, trabajado a tope intentando superar una situación difícil de nuestra vida-, que algo para llevar a los escenarios, al menos esa es mi impresión.

He estado también escuchando y viendo la entrevista, cuyo enlace nos has dejado Ana Carmen, a Alberto Delgado y así de paso "algo" de "Arizona", que ciertamente tiene buena pinta y que tú elogias con tanto entusiasmo Ana, incluso he leído que ya la obra cruzó el charco y fué a Miami y que ahora en otoño volverá a cruzarlo para llegar a Nueva York. Está claro que está cosechando bastante éxito.

En otro orden de cosas decir que esta semana pasada en el programa "En noches como ésta", Juan Ramón Lucas ha entrevistado a Blanca Portillo, (es la segunda de ese día). Una entrevista muy interesante, mucho. En ella hay oportunidad de conocer a Blanca como persona, habló, entre otras cosas, sobre cómo se inició en el teatro, por su puesto también de su carrera, de su familia, .... A mí me ha resultado un momento muy especial, por eso aquí dejo el enlace por si interesa: http://www.rtve.es/alacarta/la1/recomendados/
index.html?page=2#612041.

Un beso y que tengamos una buena semana. María del Aguila.

Ana dijo...

¡Buenas noches/días!
Lo primero de todo, os envío una nueva RECOMENDACIÓN: si queréis pasar hora y media a carcajada limpia, no os perdáis YLLANA cuando tengáis oportunidad de ver alguno de sus montajes. Yo el sábado estuve viendo “Brokers”, pero si echáis un vistazo a la web de Yllana (http://www.yllana.com/espanol/indexyllana.html) encontraréis todas los espectáculos que tienen actualmente y las fechas y lugares por donde van a pasar los próximos meses. Yo nunca los había visto antes pero, aunque sólo conozco “Brokers”, me imagino que cualquiera de sus montajes será una pasada.
Son buenísimos, buenísimos. Hacía meses que no me reía tanto en un teatro, desde la broma con la que comienzan la obra, con una voz en off que recuerda al público la lista de formatos de video en que está prohibido grabar (y se tiran dos minutos) hasta el final. Consiguen arrancar carcajadas hasta de lo más simple, porque su dominio del lenguaje gestual, en el que se basa su teatro, es alucinante.
“Brokers” es un acercamiento en clave de humor al mundo de las altas finanzas y cuanto lo rodea: el consumismo, el culto al cuerpo, la ropa de marca, los últimos inventos tecnológicos, la carrera hacia el triunfo y el poder... y el lado más oscuro que, tras el lujo y el glamour, ocultan las vidas de los “tiburones” de los negocios que se mueven en estas esferas.
Yllana nos muestra su “loca” visión de todo ello a través de cuatro brokers y una serie de personajes más (interpretados por los mismos cuatro actores, Antonio de la Fuente, Luis Cao, Fidel Fernández y Antonio Pagudo –quizá lo conozcáis por su papel en “La que se avecina”, es un crack) que deambulan por su entorno o se cruzan en sus vidas. Humor negro en el lenguaje casi sin palabras de Yllana, situaciones que por lo absurdas y ridículas resultan hilarantes...
La escenografía está conseguidísima a través de paneles sobre los que se proyectan luces y motivos decorativos que recrean los distintos ambientes, unos pocos utensilios y muebles, la luz, la música y los superágiles cambios de vestuario. En una parte de la obra, con tan sólo mover unas tablas que sujetan con las manos, son capaces de hacernos pasar en segundos de una estancia a otra, entrar y salir de ellas... geniales...
Pues queda dicho, por si no los conocéis. Y si ya los habéis visto antes, espero que os hayan gustado como a mí. Aquí podéis ver a los actores comentar sus impresiones sobre “Brokers” http://www.youtube.com/watch?v=ABceYclR_YE Este otro enlace es un video promocional de la obra, pero, si pensáis ir, mejor no lo veáis para no perder la “inocencia” http://www.youtube.com/watch?v=G5s5e9yZKX8

Comparto tu opinión sobre “La casa de la fuerza” de Angélica Liddell, María del Águila. Yo al final no pude asistir, pues aunque estaba ya decidida a pasarme en La Laboral sola las cinco horas que duraba la obra, movida por la curiosidad, me surgió de pronto un compromiso y no pude ir. Gran parte de los montajes de este teatro se caracterizan por estar entre los más modernos y vanguardistas, lo cual lamentablemente los convierte en espectáculos bastante elitistas, que generalmente admiten público reducido por desarrollarse en la caja escénica y que tampoco atraen demasiado de por sí. Así todo, creo que Angélica Liddell, por lo que he visto y oído, se lleva la palma... Y sin embargo, le va muy bien...
Algunas personas que conozco, que han visto algunos trabajos anteriores de Liddell, no han querido ir a este nuevo estreno. Me han comentado que están convencidos de que a ella su exhibición le sirve de terapia para echar afuera sus paranoias. En entrevistas y en el programa de mano he leído cómo la propia Liddell explica que “La casa de la fuerza” se inspira en la liberación del dolor a través de la extenuación física, pero desconozco qué desea transmitir al público, qué reacción busca en él o qué quiere hacerle sentir.

Os dejo hasta otro momento. Un abrazo: Ana Carmen
PD. A mí también me encantó la entrevista a Blanca Portillo. También muy interesante la de Nuria Espert la otra semana. ¡No se puede perder el programa!

Charlotte Vale dijo...

Sí que es bueno el título de la entrada porque es positivo valorar, sobre todo lo demás, el trabajo de los actores y la calidad del texto. A todos nos gusta, en un momento dado, una película que nos deje con la boca abierta a base de efectos especiales, escenarios increíbles y recreaciones originales pero casi ninguna obra del cine clásico y el buen teatro los tiene y, sin embargo, disfrutamos igual, porque hay buenos elencos y una gran historia detrás.

Yo también espero ver “La omisión de la familia Coleman”, tiene una pinta estupenda. No hay nada como reírse con un buen drama.

De nada por la actualización de la web, chicas, me alegra que os gustase, ya era hora de que la sección de teatro tuviese información, ¿no? jeje.

Ana, Juan Carlos Rubio es el mismo director de “El pez gordo”, ¿no? Interesante que en “Arizona”, los propios actores, transformen el escenario y aún más el argumento. Tú que eres una dura crítica (positivamente) saliste encantada, así que tiene que estar muy bien. Cruzo los dedos para que pase por aquí.
Y “Brokers” de Yllana… promete a tope. ¡Esto sí que me gustaría verlo! (a Antonio Pagudo le acuñábamos antes un cercano parentesco con Borja Tous, jaja).

Lo de Blanca Portillo en “En noches como esta” aún lo he visto. Digo aún porque lo grabé al estar ocupada en ese momento y no querer perdérmelo. Mañana sin falta le dedico un rato, a ver qué tal.

Ana dijo...

Hola por ahí:
Sí, yo también pienso que una escenografía no es mejor por ser espectacular, complicada y carísima, sino por la manera en que se ajusta al texto y montaje. Resulta curioso cuando ves versiones diferentes de la misma obra y descubres cómo el complejo decorado de una compañía lo resuelve otra con cuatro elementos esenciales bien utilizados que nada tienen que envidiar al anterior. Tenía ahora en mente, por ejemplo, la realista y detallista recreación de los diversos espacios por los que se mueven los numerosos personajes de “Los cuernos de Don Friolera” en el último montaje de Angel Facio (con Rafael Núñez, Teté Delgado y Nancho Novo entre otros), clásico y bonito, quizá el más llamativo que he visto últimamente por su tamaño y complejidad, pero no por ello me causó más impresión la obra que en otras versiones de más bajo presupuesto y con escenografías bastante más sencillas, pero igualmente cuidadas y acertadas. Tiene que haber un poco de todo, de lo más tradicional a lo más innovador, de lo espectacular y grandioso a lo sencillo, pero por dios que esté bien hecho, que eso se nota. Simple no es sinónimo de descuidado, ni rompedor de mal gusto, y cuando la escenografía llama la atención sobre sí misma, en vez de fundirse con la historia, la obra se resiente

Tengo muchas ganas de ver “El pez gordo” después de las buenas recomendaciones que nos habéis hecho. Después de ver “Arizona”, aún más ganas, porque ya no sólo me ha encantado Juan Carlos Rubio como director, sino que me llevé una sorpresa enorme cuando vi que era también el autor de la obra. Me pareció tan interesante y original, tan logrado el enfoque del tema, mostrado sin tapujos pero con la dosis justa de humor y de sensibilidad... en fin, una buenísima obra que ya me ha convertido en fan number one de Juan Carlos Rubio.
Me parece que ya se ha estrenado “La charca inútil” de David Desola, premio Lope de Vega 2007. Ésta no nos la podemos perder. Desola es otro gran autor joven que, en mi opinión, escribe muy buen teatro. Está dirigida por Roberto Cerdá y protagonizada por Adolfo Fernández, Sonia Almarcha y Miguel Palenzuela. Desola explica que es “un drama al cuadrado. Un drama sobre la locura, no como patología, sino como vía de escape, como refugio a una existencia insoportable”. La idea para la obra surgió de unas imágenes de tv en que se veía a un profesor agredido por un alumno en el pasillo de una escuela ante el resto de la clase que observaba la escena. Cerdá añade que la obra “desglosa un espectro muy preciso de los sentimientos humanos que tienen que ver con la vida, con aquello que nos hace sentir vivos, curiosamente, a través de lo que más tememos en nuestra existencia: la ausencia del ser querido”. Tiene una pinta buenísima, y como lleva la garantía Desola allá iré en cuanto pasen por aquí cerca, que espero lo hagan pronto. Si la véis antes, contad.
Charlotte, yo a Yllana ya voy a ir a verlos cuando vuelvan, llueve o truene, vamos...

Dejando el teatro, el domingo estuve en un concierto de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Leipzig, dirigida por Jun Märkl. Interpretaron una exquisita “Sinfonía Fantástica” de Berlioz y el Concierto nº 1 para violonchelo y orquesta de Saint-Saëns, con Gautier Capuçon, gran virtuoso francés de tan sólo 28 años, como solista. Os lo comento porque es probable que pasen por otras ciudades y ya sé que a algun@s por ahí os gusta mucho el violonchelo... ¡Oír tocar a este chico es como estar en el paraíso!

Otra cosa: da gusto ver y oír a Blanca Portillo en las entrevistas, la sencillez y humildad con las que habla, lo cercana y espontánea que se muestra y la calidez humana que derrocha. Una delicia.

Un abrazo y hasta pronto: Ana Carmen

Ana dijo...

¡Hola nenos!
Pues ya he visto “Siempre Fiesta”, de Cuarta Pared y os puedo decir que es buenísima, buenísima... Ojalá pasen por donde vivís, o bien os podáis acercar a verla. Os encanta seguro, y lo que he visto me basta para apostar que cualquier otra obra de Cuarta Pared nos entusiasmaría también.
“Siempre Fiesta” es interesante, actual, entretenida, cargada de ironía sin que falte el aderezo del humor, original en su planteamiento teatral y en su montaje escénico, bien interpretada por los seis magníficos actores (José Melchor, María Antón, Frantxa Arraiza, Javier Pérez-Acebrón, Asu Rivero y José Sánchez).
Es una delicia ver teatro así, que a todo el mundo le llega e irremediablemente le hace sentirse reflejado en lo que ve, a todos los espectadores les ocurrirá en mayor o menor medida... Esto sí es terapia y no la de Liddel.
Al mismo tiempo, teatralmente es un trabajo limpio, elegante, ingenioso, basado en un magnífico texto puesto en las manos de unos grandes profesionales que aparte de lo esencial, su cuerpo y su voz, con pocas y simples cosas materiales son capaces de transmitir todo lo que se proponen llevando al espectador de sorpresa en sorpresa.
Aun sin tener ninguna conexión en el tema, por un lado el planteamiento de la historia como una fábula, un cuento con infinidad de matices, múltiples planos y lecturas que se solapan, y por otro lado la elegante forma de trabajar de la compañía me han recordado a Teatro del Noctámbulo y “El hombre almohada” (sí, ya sé que soy una pelma, pero creedme, se asemejan)
“Siempre Fiesta” completa una trilogía formada por “Café” y “Rebeldías posibles”, en las cuales igualmente se reflexionaba sobre los grandes males de nuestra sociedad (el prohibicionismo excesivo y la resignación, respectivamente). Inspirada en un relato de Heinrich Böll, “Siempre Fiesta”es una fábula sobre alguien que busca la felicidad, como todos, en el seno de una familia en la que hay un poco de todo, bueno y malo, como en todas... y sobre una “fiesta” que nunca termina y de la que no pueden escapar...
En la sección Presentación de su web http://www.cuartapared.es/noticias/index_presentacion.html, Cuarta Pared exponen sus principios como compañía y os aseguro que exactamente todo eso de lo que hablan lo cumplen: llevar a escena “los problemas, las dudas, las contradicciones, los pensamientos, los sentimientos, los anhelos, los ideales de hoy”, y hacerlo mediante un teatro innovador, que explore nuevos caminos a través de los cuales se canalice mejor la reflexión sobre el mundo contemporáneo que sus obras proponen... Son interesantes sus planteamientos y desde mi punto de vista lo están consiguiendo y más.
Comentan también en su web que su afán por abrir perspectivas inusitadas, investigar y renovar de forma continua, les ha llevado a elaborar sus propias dramaturgias en colaboración con escritores cuya curiosidad creativa les hace no conformarse con lo convencional. En este caso, “Siempre Fiesta” es una obra de Luis García-Araus, Susana Sánchez y Javier G. Yagüe, Director de la compañía y de la obra. Al llegar a casa el domingo después del teatro vi “La Mandrágora”, que había grabado el viernes, y allí me encontré con Yagüe dirigiendo los ensayos de “La tierra”, de José Ramón Fernández –también muy ligado a Cuarta Pared: “Trilogía de la juventud”–, que se presentará en esta versión en el Teatro Valle-Inclán el próximo 19 de noviembre.
Supongo que Miguel conocerá a fondo a Cuarta Pared, toda su andadura y logros. Yo sólo conozco esta obra suya y ya me ha servido para admirar su gran trabajo. A su web llegué por el link de recomendación que está en la sección Enlaces de esta web de Miguel hace unos días, no me había fijado antes, y como daba la casualidad que iba a verlos ayer me despertó aún mayor curiosidad y más altas expectativas.

Hubo muchos aplausos, creo que gustó, ¡cómo no!... ¡NO OS LOS PERDÁIS!!
¡Últimamente todas las obras que he visto han sido increíbles...! : )
Un beso y hasta pronto: Ana Carmen

Ana dijo...

¡Únicos! los Coleman. ¡Ya estoy deseando ver hoy viernes “Tercer Cuerpo”!
Increíbles los actores, que ni siquiera parecen serlo (estar actuando) por la espontaneidad y veracidad que transmiten. Original la obra, divertida y mucho más, porque en algunos momentos, especialmente en la escena que pone fin a la historia, se te queda el corazón...
Hasta la forma en que se plantean las entradas y salidas de escena me ha gustado mucho, sólo usando juegos de luz y sombra, sin otra cosa que las cortinas del teatro en el fondo y laterales y unos cuantos muebles destartalados para señalar los diferentes espacios: distintos rincones de la casa y la habitación del hospital. Choca al principio ver todo el mobiliario repartido por el escenario sin aparente conexión entre sí, pero nada más que arranca la historia y te metes en el salón de los Coleman, ya sólo ves lo que ellos quieren que veas y todo resulta perfectamente creíble y lógico, aunque los actores se estén moviendo a la vez por diferentes espacios sin que estos estén delimitados físicamente, o se queden en la sombra mientras se cambian de ropa.
No sé si realmente la representan así en todas partes, pues hoy no había ni papel pintado cayéndose a trozos en la pared, como en la foto del programa y en algún vídeo que he visto, ni se echaba tampoco de menos. Quizá en este sentido también hay o ha habido cambios en el tiempo que llevan representándola.
Fantásticos los personajes. Los más atractivos para mi gusto la Abuela, Marito y Memé, la madre (y los actores que les dan vida: Araceli Dvoskin, Lautaro Perotti y Miriam Odorico, aunque todos ellos están que no se puede hacer mejor).
Ya Miguel nos comentó la obra hace unas semanas y, como él lo hizo magistralmente, sólo añado que estoy de acuerdo en absolutamente todas las observaciones que hace en su entrada sobre los Coleman, la historia y los personajes. También pienso que el trabajo de los actores de Timbre 4 es magnífico, distinto, rebosante de naturalidad y frescura que envuelven una profesionalidad indiscutible. Es una delicia verlos.
Efectivamente, parece que nos hemos colado en el destartalado salón de la casa de los Coleman...

Besinos: Ana Carmen

Ana dijo...

¡Hola! No sé si estaréis a medio puente en algún sitio o no tendréis puente... Lo que es aquí en Asturias, ya se nota que llega el invierno de verdad, el frío y la lluvia acompañados, cómo no, de las iluminaciones navideñas (en el caso de Oviedo bastante pobretonas y desangeladas pero considerablemente horteras).

Os dejo unas líneas sobre “Tercer Cuerpo”, la segunda obra de Claudio Tolcachir y Timbre 4 que vi el viernes.
Resumiendo puedo decir que en conjunto me gustó, pero, no sé si en parte habrá influido el verla inmediatamente después de “La Omisión de la Familia Coleman”, que no me entusiasmó como la anterior ni mucho menos.
El planteamiento teatral es similar en ambas. Aunque en parte se asemeja al de Veronese en puntos como la simplicidad en escena o los diálogos que se cruzan como en una conversación real (tomo como referencia la única pieza que vi suya, “El desarrollo de la civilización venidera”, pues su versión de Hedda Gabler, “Todos los grandes gobiernos han evitado el teatro íntimo”, me la perdí sin demasiado disgusto para ver a Teatro del Noctámbulo), desde mi punto de vista hay un abismo entre ambos dramaturgos; no sé si en el método de trabajo y el proceso de creación y gestación de las obras, pero sí en cuanto a lo que se presenta finalmente ante el espectador. A mi me resulta más fácil empatizar con los personajes de Tolcachir. La simplicidad es adecuada y justa, el atrezzo una herramienta para crear la historia, no se echa nada en falta ni nada desvía la atención (como al menos a mi me ocurrió en Veronese, donde sobraban paredes y puertas y faltaba la atmósfera interior de la casa).
No voy a decir que los de Tolcachir sean montajes elegantes en cuanto a puesta en escena, pero tampoco es algo en lo que te fijes especialmente, porque digamos que es una aspecto que se hace invisible en el devenir de las historias. Así todo, así como en los Coleman reinaba una perfecta armonía entre personajes, historia y escena, en “Tercer Cuerpo” ya no sucede lo mismo. Ni los personajes tienen la misma fuerza teatral, ni subyace ese disparatado humor de poso amargo en cada línea del diálogo, ni sientes a los protagonistas tan cercanos y humanos cuando, sin embargo, se parecen quizá más a cualquiera de nosotros o de las personas que tenemos alrededor –seres más “normalitos” que los Coleman y también más grises, aunque igualmente con un saco de miserias a la espalda.
Un toque Tolcachir es que la mayor parte de las veces los actores no salen de la caja escénica cuando su personaje no está presente, sino que se sitúan al fondo o a un lado, en la sombra. En los Coleman se recurría más a los juegos de luces para enmarcar el espacio y la acción, mientras que en “Tercer Cuerpo” no se utilizan cambios de luz prácticamente para nada, ni tampoco hay música ni efectos sonoros (en la Familia Coleman apenas, sólo hay una canción final, pero muy significativa). Otra diferencia entre ambas piezas es que en “Tercer Cuerpo” conviven dos espacios –la casa de la pareja y la oficina, y en ciertos momentos algunos más– en un mismo tiempo, resultando perfectamente comprensibles dramática y lingüísticamente aunque los diálogos se crucen.
Todo un ejercicio de buen hacer interpretativo y de dirección, pero que en el fondo no me parece sirva para enriquecer la historia o aportar nuevas perspectivas. Es más, este alarde de sofisticación interpretativa me resulta chocante sin estar arropado por una escenografía a su altura. ¿Llegan más los personajes por demostrar los actores ser capaces de encajar diálogos como hilos en un encaje de bolillos? ¿Gana la historia por mezclar distintos espacios físicos sobre un mismo escenario –con la ayuda de mesas, sillas, etc., no a pelo como “Piedras en los bolsillos” o “Non solum”? SIGUE

Ana dijo...

Lo primero, que se mezclen conversaciones que tienen lugar en espacios distintos, lo encuentro un tanto superfluo; lo segundo es quizá una reivindicación de que la esencia del teatro no necesita de grandes despliegues, pero también me atrevería a decir que es una planteamiento que resulta más fácil de llevar a escena que otros más elaborados: yo me siento en esta mesa, que está ya para el desguace, y ustedes se imaginan que es la mesa del despacho de la consulta de mi doctora; aunque ven que llevo la misma ropa de ayer, probablemente no sea la misma, porque vengo de tomar un café con mi ex y seguramente me he esmerado algo más de lo habitual en arreglarme, que es bien poco...
Bueno, todo este rollo que os estoy metiendo viene de que la historia no me ha resultado ni por asomo tan buena como “La Omisión de la Familia Coleman” y lo que allí es virtud aquí se convierte en aceptable sin más. No me han transmitido gran cosa ni la chica que ha sido abandonada por su marido, ni la que ha perdido su casa y duerme en la oficina, ni la relación entre los dos protagonistas masculinos, ni mucho menos la relación del chico con su novia. Todos tan patéticos y tristes como la oficina que se mantiene abierta sin que haya trabajo que hacer en ella, olvidada quizá por insignificante y marco en el que los personajes viven su día a día. Entre ellos existe una relación afectiva en parte verdadera pero también superficial. Muchas cosas se “omiten”, como les ocurría a los Coleman, hasta que poco a poco van saliendo a la luz sin que tampoco esto suponga un gran vuelco en sus vidas. Todo esto y más sucede ante tus ojos, pero sin emocionar, sin sorprender... Quizás es esa la intención, es posible.
La interpretación me ha parecido buena, especialmente me gustó Daniela Pal (Moni), pero realmente los actores tampoco “se salen” como los que encarnan a los pobres Coleman.
Un poco en la línea de lo que había comentado con respecto a Veronese, aunque salvando las distancias, no sé si el planteamiento escénico realza la historia y los personajes o al revés. Se trata de piezas teatrales donde no hay un gran texto que las respalde ni un argumento de peso. Si la obra flojea, me da la impresión de que el actor tiene poco a que agarrarse y la pobreza escénica se convierte en un lastre en vez de potenciar el buen trabajo interpretativo.

No os perdáis a la Familia Coleman, si todavía continúa la gira. “Tercer Cuerpo” es interesante verla y todavía van a recorrer toda españa, así que ya me contaréis qué os ha parecido. Como siempre, todo esto que os cuento son comeduras de coco mías, pero he disfrutado un montón viéndolos. Es el teatro que quieren hacer y lo hacen estupendamente. El problema es que yo quiero que todas las obras me resulten redondas como los Coleman y esas otras de las que ya he dicho mil y un maravillas, y claro, no todas van a estar hechas cien por cien a la medida de mis gustos en teatro, que tampoco sabría especificar cuáles son...

Bueno, hasta otro momento.
Un abrazo: Ana Carmen
PD. El sábado que viene iré a “El viaje del actor”, obra basada en varios textos cortos de Chèjov en la que participa Patricia Montero. Va "prestar" :)